cinco cosas que aprendí de mi bebe

¿Sabíais que de la observación directa de los bebés se pueden aprender muchas cosas?

Y no me refiero sólo a hechos directamente relacionados con su desarrollo, que es lo que, quien más quien menos, viene haciendo desde el principio de los tiempos. Mira, ya le empiezan los dientes, no. Yo de mi bebé estoy aprendiendo lecciones de la vida. Diréis: ¡hala, que profunda! Pues sí, sin ir más lejos, observando e interactuando con mi hija de 5 meses he podido sacar, a grandes rasgos, estas 5 lecciones vitales, que creo me ayudarían a ser un poco más feliz por la vida.

A continuación…

¿Qué he aprendido de mi hija en estos 5 meses?

A no fingir: ese me cae bien, pero este no. Y no pienso hacer nada por disimularlo. El problema de aceptación lo tienes tu, no yo. Más claro agua ¿no? Los bebés no se complican la vida con las relaciones interpersonales. Esta situación no es irreversible, tal vez más adelante las cosas cambien, porque los bebés tienden..

A vivir en el presente: importa el aquí y el ahora. Lo que ocurriera antes o lo que vendrá después poco importa. Vamos, el carpe diem en su máximo exponente lo viene desarrollando mi bebé desde el minuto cero. Si me he dado un coscorrón, pero me hacen reír, pues me olvido del chichón y me río. Y todos felices. ¿No nos facilitaría mucho las cosas ir así por la vida?A maravillarme con los pequeños detalles del día a día.

Todos esos banderines que decoran las calles del pueblo en fiestas, las rayas de tu vestido,  esa montaña de manzanas en el súper, las hojas de una palmera bailando con el viento… Son pequeños gestos que pasamos por alto cada día y que desde que los comparto con mi hija me hacen valorar un poco más esas instantáneas que le dan el punto a cualquier situación. Llamadme cursi.

A no rendirme en mis objetivos.

Y si no lo consigo a la primera, intento cambiar de estrategia. Repetidas veces. Hasta la saciedad. Este hecho ha quedado más que patente en los intentos de mi hija por darse la vuelta. Se sabe poner boca abajo, pero le cuesta horrores volver a la postura de espaldas. Pero ella no se rinde, entrena y entrena… y si se siente atascada nunca está de más..Pedir ayuda. A veces a los adultos nos cuesta la vida hacer una llamada de auxilio de oye, que estoy agobiada, échame un cable.

O delegar responsabilidades.

Creemos que podemos con todo pero nunca está de más recibir una ayuda extra. Y ella es capaz de darle a esto del ¡Help, ayúdame! TODAS las veces que considere necesarias.Entiendo que, en nuestra burbuja de adultos, no siempre tenemos tiempo para encantarnos a observar cómo se mueven las hojas de los árboles ni dejar de planear el futuro.

Y tiro la primera piedra al admitir que yo me estreso con facilidad y acabo corriendo y tirándome de los pelos.

Precisamente hace algunos días, justamente cuando estaba preparando esta entrada, llegó a mis manos este blog de Slow life que me encantó (y que os recomiendo a todos) donde Silvana y Daniel (a.k.a Pepper and Ginger) desgranan los secretos de la vida sin prisas. Y eso es precisamente lo que hacen los bebés, vivir centrándose sólo en lo que es esencial a sus ojos. Y no parece que les vaya del todo mal.Y vosotros ¿Qué habéis aprendido de vuestros hijos?

por cuatro esquinas de nada

Empiezo la semana con una recomendación cuentista. Se trata del cuento Por cuatro esquinitas de nada de Jérôme Ruillier. La primera vez que lo vi me fascinó. Estaba yo realizando unas prácticas en una escuela infantil y una de las niñas de mi clase tenía déficit visual. Cada semana contábamos con el soporte que nos ofrecía la Fundación Once mediante una educadora social, que venía cargadita de recursos y materiales adaptados para facilitar la inclusión de esta niña en el aula. Uno de estos materiales que un día trajo consigo era este libro.
por cuatro esquinitas de nada

Se trataba de un cuento magníficamente adaptado, si tenemos en cuenta que en su versión en papel, el libro cuenta con unos gráficos muy bonitos y llamativos, en la versión de la Once, era también un placer para el sentido del tacto. Todos los elementos que salían en cada página (los personajes, el fondo, la forma…) se podían distinguir perfectamente mediante el tacto, además de estar escrito en Braille. El resto de compañeros pudieron disfrutar del cuento igualmente y el resultado final fue espectacular, ya que les gustó muchísimo a todos (y yo me incluyo aquí, porque quedé absolutamente fascinada por la labor de la fundación y por el cuento en sí).

Si alguna mamá o maestra desconocía esta fundación, os la recomiendo mucho. Tienen una sede donde se pueden hacer préstamos de todo tipo de material para niños y también audiolibros para adultos. Para trabajar en la escuela viene genial ya que acerca a todos los compañeros al mundo del déficit visual y les ayuda mucho a la hora de empatizar con el colectivo ciego.

Y aquí abajo os dejo el libro, en su versión original, narrado por unos niños que lo hacen estupendamente, pero como siempre, os recomiendo el de papel. Ya veis que los gráficos son sencillos pero lo cierto es que son muy impactantes y a los niños les encantan. Como podréis comprobar los que no conocíais el cuento, no hay que complicarse mucho la vida para crear una historia genial que enseña valores y a la vez emociona a grandes y menudos.

Super poderes de madre

Pues resulta que mi primogénita este finde ha alcanzado el medio año de edad. Y podría ponerme a hacer un post lacrimoso sobre lo fugaz del tiempo; lo vieja que me hago, lo requete grande que está mi hija, la de cositas que ya sabe hacer…

super madre al rescatePero no. He sido fuerte. Dándole la vuelta a la tortilla (y no, no me han pagado los del hormiguero) me he decidido a contaros, en primicia para vosotras, todas esas cosas requete buenas que me ha aportado la maternidad en estos 6 meses. Son súper poderes con los que jamás hubiera soñado. Habilidades que nadie me hubiera atribuido a mis 27 añazos. Os hablo de los súper poderes que vienen en el lote de la maternidad.

1. Ser multitarea

Whatsappear (con atroces y a la vez comprensibles faltas) mientras duermes al bebé. Cocinar y actualizar el blog. Sacar a los perros, al bebé y la basura. En definitiva, esto de aprovechar los momentos y los viajes, sale mucho más a cuenta. De este modo después de arreglar la cocina, y doblar esa montaña de ropa limpia tal vez puedas ver el capítulo final de esa serie de la que ya te has perdido 2 temporadas  durante 5 minutos hasta que tu bebé te reclame.

2. Decir adiós al perfeccionismo

¿Y qué más da si tienes las piernas como el papel de lija? ¿Que vienen visitas y tienes el salón empantanado? Esta camisa no está lo suficientemente arrugada como para plancharla ¿no? El lunes sin falta empiezo la dieta para recuperar el aspecto que tenia hace 4 veranos antes del embarazo¿Te suenan? Si es que no me da la vida para esas menudencias. ¡Con lo bonito que es tirarse al suelo a jugar con mi hija! Un día de estos, cuando encuentre las pinzas de depilar, si eso, me quitaré los 4 pelos rebeldes de las cejas. De las piernas me despreocupo, que ya no es temporada.A veces, cuando veo una mujer desaliñada bostezando en la cola de la carne, me pregunto cuántos hijos tendrá y si entre ellos se encuentra un lactante de tomas nocturnas y no puedo hacer otra cosa que mirarla con compasión. Un día de estos me parten la cara.

3. Comprensión hacia otras madres

Creo que todas sin excepción, antes de ser madres, decimos: “Yo no seré de esas madres que (introducir comportamiento cuestionable)” y TODAS acabamos cediendo. Porque la teoría y la práctica difieren enormemente. Que levante la mano quien, antes de ser madre, no haya cuestionado algún comportamiento de otra mamá. Ale, el niño todo el día aparcado delante de la tele. Desde luego, mira que ponerle eso para merendar. Pues si fuera mi hijo esto no lo haría. He aprendido que hay que vivir y dejar vivir. Y que cada mamá lo hace lo mejor que sabe, porque las circunstancias no son las mismas para nadie. Además, si no tienes la necesidad de prejuzgar, tampoco te sientes cuestionado (se cree el ladrón que todos son de su condición) y así te evitas vivir dando explicaciones.

4. Rapidez

Bebé de pocos días en casa. Se queda frito. Y aquí empecé a desarrollar la súper velocidad. Voy a realizar todas aquellas tareas por orden de importancia: ducharme (por mi integridad física) fregar platos (ya no quedan limpios) comer (cuestión de supervivencia) poner lavadora (no me quedan bragas limpias) barrer y dormir una siesta. Al final sólo tienes tiempo de ducharte y fregar. Comes cualquier cosa, de pie en la cocina, mientras el bebé empieza a despertarse. Te conviertes en cleptómana de ropa interior de varón. Las pelusas te acabarán invadiendo y dormir… ¡JAJAJA! ay dormir… si es que me troncho.Así que con la experiencia, aprendes a ser rápida si quieres sobrevivir. A saber: tener nutrientes en el estómago, el pelo limpio, las bragas en condiciones, el suelo libre de pelusas… aunque eso de dormir… ¡JAJAJA! Por mucho que corra aún no he encontrado la fórmula idónea para conseguirlo.

5. Noctambulismo

Un día me desperté y estaba sentada en la cama con mi hija en brazos. Llamad a Íker Jiménez. Mi sentido arácnido-materno me avisó de que mi pequeña saltamontes estaba tosiendo e inconscientemente me senté en mi cama y la saqué de su cuna. Cuando me desperté, dormía en mis brazos de nuevo y yo cabeceaba sobre ella en la penumbra de la mañana. Cuando la volví a acostar vi que había regurgitado sobre su cama y entonces entendí toda la secuencia. Y creedme si os digo que yo soy de sueño nivel: que me roben la casa entera y despertarme en medio de la calle con una hoja de parra en mis partes. Si esto no son los súper poderes de la maternidad, ya me diréis que son.Otra vertiente del noctambulismo es el disfrute de la vida nocturna: ese lapso de tiempo desde que el bebé se duerme y tu te vas a dormir, donde llevas a cabo un plan magistral para dominar el mundo. Estoy hablando de…

6. La planificación

Sí amigas incluso yo, que soy un completo desastre, me las he apañado para organizarme. Vacunas, entradas del blog, vida social, menús… Mi abuela siempre me ha dicho quien mucho abarca poco aprieta. Así que, lo mejor es distribuirse las tareas. Para poder abarcarlo todo. Y aún así sigo quedando con dos personas el mismo día y a la misma hora. ¿No es para matarme?

Y tú ¿Qué súper poderes has adquirido desde que eres mamá?

Mi bebé duerme mal

Me disculparéis, pero esta semana hemos andado vagando como almas en pena. Apenas me he pasado por aquí ni por los blogs de cabecera. Y digo esta semana, porque ha sido el momento en que me he dado cuenta que realmente hay un problema. Hasta ahora, lo he ido llevando, pero hemos llegado a un punto bastante heavy. Y para explicaros el porqué entraré al trapo con el meollo de la cuestión porque no se me ocurre un símil mejor que el del título de película homónimo que hoy da nombre a este post. Tenemos problemas de sueño. Sí. Digo tenemos porque si mi hija no duerme, cosa que apenas hace, yo tampoco. Y en esas andamos.

Cada dia duerme peor

He presenciado como la cosa se ha ido poniendo cada vez más fea. Y sí, según la pediatra es normal. Pero no dejo de quitarme la sensación de que vamos de mal en peor. Empezó de recién nacida durmiendo del tirón la friolera de ¡hasta 9 horas! Cosa que ahora recuerdo con nostalgia..
Después al poco tiempo empezó a reclamar su toma nocturna a eso de las 4. Cosa que acepté, ya que consideraba que lo raro había sido que hasta ahora no la hubiese querido. Después de su toma se volvía a quedar frita hasta la de las 8, hora muy razonable para levantarse. Y yo satisfecha.

Despertares nocturnos

Pero poco a poco hemos ido presenciando más despertares nocturnos, y actualmente, el 90% de las veces que se despierta no es de hambre. Mi hija, que ahora tiene 6 meses y medio, se despierta llorando hasta 5 veces en plena noche, desconsolada, con el peor de sus llantos, que ni lloró tanto el día que se dio un buen chichón haciendo sus intentos de voltereta en el suelo. Algunas pocas veces, se calma con el chupete. Otras, en cambio, rechaza el chupete, le preparo un biberón (desoyendo los consejos de mi pediatra, que, debido al tamaño y peso de mi hija, me aconsejó eliminar la toma nocturna) y también lo rechaza. La cojo en brazos y le cuesta horrores despertar. Llora de dormida, desconsolada, y para que deje de llorar, la zarandeo suavemente mientras le doy palmaditas en el culo. Sólo así, al cabo de un rato, se despierta, súper desorientada, en mis brazos. Lo cual me lleva a pensar que tiene pesadillas. Pero en busca de pesadillas y terrores nocturnos en internet, todos los expertos indican que en bebés sólo se trata de un cambio en las fases de sus ciclos de sueño. ¿Así pues, porqué mi hija sufre (y es así, yo la veo sufrir) con cada cambio de fase en su sueño? Sufre ella y sufrimos nosotros, que vemos que algo no anda bien.

El dia no es mejor que la noche

Después durante el día, la cosa no mejora. Apenas hace siestas. Y de hacerlas, se despierta al mínimo perro que ladra o moto que pasa por la calle. Cosa que también se que es normal, puesto que no tenemos que minimizar el ruido en las siestas, para que sea capaz de diferenciar el día de la noche. Pero ella sigue sin dormir. Le cuesta horrores conciliar el sueño y le resulta extremadamente sencillo desvelarse. La consecuencia de esto es que llega un punto del día, en que está malhumorada y gruñona, frotándose los ojos, muerta de sueño. Le facilito momentos de calma, con música relajada,  sin actividades excitantes, he intentado todos los dudús, trapitos, chupetes, colechos y cunas que han estado en mi mano, pero nada… seguimos con este desorden del sueño.
Me han intentado tranquilizar diciéndome que son los dientes. Pero no hay ni rastro de ellos, y de día no se queja, ni tiene dolor aparente. Simplemente es un patrón que se repite, día si y día también: llanto desconsolado por la noche, dificultad para conciliar el sueño de día. Siestas nulas o extremadamente breves (hoy ha dormido un total de 20 minutos, si sumamos todos los minutos que ha dormido durante el día) y muchísima dificultad para dormirse, todas y cada una de las veces.

Afección a los padres insomnes

Y como rebote, mi sueño. No duermo (ya no digo 8 horas seguidas, cosa que me parece imposible) un miserable ciclo completo (que son unas 4 horas aproximadamente) desde hace meses. Y de día, tampoco puedo echarme una siesta. Aunque mi mayor preocupación ahora mismo es el bienestar de Nura.
Totalmente descartado el método Estivill, ya que me considero incapaz de dejar llorar a mi hija desconsoladamente en mitad de la noche. Y tampoco quiero renunciar a nuestro (largo) pero fiel ritual de buenas noches. Cada día la acuesto, la arropo, le pongo una playlist de canciones super relajantes, con su dudú y su chupete, y me quedo a su lado hasta que se duerme. Hasta ahora nos había ido bien. Así que no creo que el problema radique de ahí.
Sentíos libres de opinar y contarme casos similares, a ver si arrojamos algo de luz al respecto. Ojalá encuentre alguna solución o consuelo en vuestros comentarios, mediante esta poderosa herramienta que conforman las redes sociales.

Cosas que he aprendido con mi blog

Soy realista, sabía que un blog conllevaba trabajo, pero cuando me embarqué en esta aventura, ahora hará 3 meses, no sabía qué sorpresas me deparaba el futuro. Y lo cierto es que he aprendido, a base de aciertos y errores, una serie de lecciones que hoy quiero compartir con vosotras.

8 cosas que he aprendido desde que soy bloguera

La enorme satisfacción de planificar, abrir y mantener al día un blog
Ver florecer y crecer un blog día a día es algo que, personalmente, produce mucha satisfacción. En mi caso he sido autodidacta desde el principio. En internet hay todo tipo de tutoriales de almas caritativas que te enseñan a añadir cualquier floritura al diseño de tu blog. Y cuando lo ves ahora, tan completito y miras para atrás, el día que partiste de cero, casi da vértigo la de horas invertidas y el camino recorrido. Pero una vez que se entra en el meollo, o al menos así es mi caso, da muchas satisfacciones. Y eso que hablo desde mi experiencia, la de un blog super pequeñito y modesto. Imagina las blogstars que pueden vivir de lo que para mí es un hobbie.

La importancia del feedback

Es la esencia del blog. Dedicar tu tiempo (y ya sabéis que el tiempo es oro) a pensar un tema y redactarlo para ver como genera opinión e incluso debate, es la mayor de todas las satisfacciones, al menos para mí. Hacer pensar, que te hagan pensar. Intercambiar puntos de vista. El feedback conforma la riqueza de un blog. Tampoco debes olvidar que si a ti te gusta que te comenten, (¿a quién no?) debes comentar cada vez que visites un blog. Y no me refiero a comentar para promocionar tu blog, sino a dejar un aporte para comentar, aportar tu opinión o experiencia etc. ¿Sabéis la cantidad de blogs que visito al día? Decenas. Y no todos son de maternidad. Visito blogs de recetas, de decoración, de moda, de cine… ¿No sería bonito que por cada visita, recibieras un comentario? Sí, se que es imposible, pero la próxima vez que visitéis un blog, pensad que detrás de esas líneas hay un blogger que ha invertido parte de su tiempo en redactar ese post… ¿qué mejor manera de agradecérselo que dejándole un pensamiento?

Una fuente inagotable de todo tipo de conocimientos

En el breve tiempo que vengo viajando por la blogosfera, ésta me ha aportado infinidad de información. Internet es una base de datos inagotable, eso ya lo sabíamos, pero gracias a los blogs especializados, puedes aprender sobre cualquier cosa: una receta, una manualidad, el fascinante mundo del embarazo… Y todo explicado de tu a tu, con confianza y desde la perspectiva más personal. Y eso es lo que hace geniales a los blogs. Y todo gracias, otra vez, a los bloggers. He conocido a muchas personas en este periodo de tiempo, de las que he aprendido muchas cosas que de otra manera, me hubiera resultado imposible.

La sinceridad es la mejor baza

Es mi blog, basado sobre mis experiencias y mis opiniones ¿Serviría de algo que intentara maquillar la realidad? Por ese motivo los posts que publico suelen ir en consonancia con mi estado de ánimo. Y lo mismo digo al respecto de los comentarios. Se trata de dar la opinión personal, siempre desde el respeto y la “profesionalidad”. Y de igual manera agradezco enormemente la sinceridad (también desde el respeto, claro está) de todo aquel que me quiera aportar su opinión.

No es imprescindible, pero una pequeña inversión, hará de tu blog una plataforma más agradecida

No nos engañemos, un blog lo escribes para que te lean, de lo contrario, escribiría un diario secreto y lo guardaría bajo llave. Con mejores resultados me refiero a que es más agradecido de leer un blog que ha pensado en el diseño, los colores, la barra lateral o superior… todo para facilitar la tarea al lector. Yo en mi caso empecé con un diseño muy básico de andar por casa. Para llevarlo a cabo pensé ¿cómo son los blogs en los que más me gusta navegar? Y me refiero al acceso a los mismos y no a los contenidos. Casi todos tienen puntos en común: Un fondo blanco, un menú intuitivo, muchos dibujos o fotos… Así que pensé que lo ideal sería ofrecer a mis lectores lo que me gusta para mí. Por eso contacté con una profesional como Fina para las labores de personalización y voilá! (nota: a mi me sacó mucho mas guapa en la caricatura que en la vida real, lo cual se agradece)

Está bien mirar las estadísticas, pero es mejor no obsesionarse y dejar que las cosas fluyan

Hay herramientas como google analytics o blogger espacio que te permiten acceder a las analíticas del blog. Y está genial. Pero no hay que obsesionarse. Con esto quiero decir que si un día un post lo han leído menos personas, no hay que caer en la decepción. Si realmente pensáis que el post vale la pena, compartidlo más veces en RRSS, a otra hora, tal vez dentro de unos días o semanas. Y si aún así sigue con pocas visitas o feedback comparado con el resto de posts, pensad qué es lo que puede estar fallando (vosotras mismas podéis ser vuestro mejor analytics) si el texto es demasiado denso, tal vez no hay ninguna imagen que lo ilustre, es un tema que se aleja de la temática del blog (como esta misma entrada, por ejemplo)… Y tenedlo en cuenta para futuros posts, pero hasta ahí. Los lectores van llegando en gran parte gracias a…

…La importancia de las redes sociales.

Los contenidos son de suma importancia en un blog, no me malinterpretéis, pero si uno empieza un blog y jamás lo comparte, no recibirá visitas. Personalmente considero que la mejor red social, en cuanto a bloggers se refiere, es twitter. En él circula una gran cantidad de información y os puede parecer que todo ocurre muy rápido, pero el sistema de hashtags y menciones da mucho juego y puede poner en contacto a diferentes personas con un mismo interés, que de otra manera, tal vez no se hubieran cruzado ni remotamente.

Calidad por encima de cantidad

Y para muestra un botón. Esta semana, que hemos tenido serios problemas de despertares nocturnos, más mocos que no nos dejaban respirar, más primer diente… Vamos que no ha sido mi semana más productiva, bloggerilmente hablando. Pero prefiero estar “ausente” que no hacer un post-basura, sólo para cumplir con mi calendario de publicaciones. Esta entrada, por ejemplo, la tenía planeada para la semana pasada, pero he tenido que atender mis necesidades familiares y creo que todos hemos salido ganando: mi hija, que ha necesitado más cariños de mamá que de costumbre y mis seguidores, que a pesar de no tener el mismo número de entradas, valorarán que las pocas que haya puesto, sigan en mi línea.

¿Qué habéis aprendido vosotras desde que circuláis por la blogosfera?

Tartaletas de calabaza

¡Qué ganas tenía de otoño! Habitualmente he sido una persona muy fan incondicional de todo lo estival. Pero de un tiempo a esta parte, supongo que son achaques de la edad, he aprendido a valorar las diferencias climáticas y a centrarme más en el encanto que tiene cada una de las estaciones, el lugar de temer aquello que no me gusta, que siempre ha sido básicamente el frío.Para una persona que tiene los pies fríos de octubre a junio no está nada mal este cambio de perspectiva ¿No creéis?

Cuando era más joven, asociaba el otoño a la vuelta a clases y a las obligaciones. Era una época de mentalización, como ya he dicho antes, me mentalizaba de cara al frío. Y veo a una lectora del norte descojonándose de mí: jajaja frío dice… ¡en Mallorca! Nos ha jodío…En cambio ahora, el otoño, visto desde esta nueva óptica viejuna madura, implica darle una tregua a los sofocos estivales y disfrutar de un tiempo que, sinceramente, es una gozada. Y precisamente con estas temperaturas, en las que me encuentro en mi salsa, me apetecía algo más otoñal para el capricho dulce de esta semana. Hoy tengo el placer de presentar estas deliciosas y suculentas…¿Hay algo más otoñal que una calabaza? y los tonos ocres, un olor suculento saliendo del horno…

La sensación de hogar y de rutina…Como ya sabréis los que os habéis ido pasando por aquí, tengo debilidad por los blogs, webs, recetas y shopping en general made in USA. ¡Cuánto daño han hecho las películas y la globalización a mi mente y sobretodo a mi estómago! Con lo fácil que sería ir al horno más cercano a por una buena ensaïmada…

No estaría mintiendo si dijera que tengo una carpeta en mi navegador llena de recetas de webs extranjeras pendientes por hacer. Y ésta era una de ellas. Pero como no soy capaz de seguir una receta al pie de la letra, empecé a experimentar con satisfactorio resultado.

Y como siempre, fácil.

Nivel huevo frito. (Espero que mi churri no lea esto, ya que para él freír un huevo supone una odisea).Ingredientes para 6 tartaletas:Para la masa

300 g de harina

150 de azúcar moreno

100 g de mantequilla derretida

Para el relleno de calabaza

500 g de calabaza

canela

nuez moscada

jengibre

150 de azúcar

1 cucharada sopera de maicena

Para decorar

50 g de queso crema tipo Philadelphia

canela

Y el paso a paso:Pelamos y cortamos la calabaza y la ponemos a hervir.

Encendemos el horno a máxima temperatura.

Empezamos con la masa. Mezclamos la harina y el azúcar y le añadimos la mantequilla que previamente habremos derretido en el micro. Amasamos con las manos, hasta que quede una pasta “limpia” que no se nos quede pegada a los dedos, ni en el bol. Si os sigue quedando pegajosa, añadid un poco más de harina.Hacemos bolitas del tamaño de una nuez con la masa y en un molde de cupcakes (yo utilicé uno de silicona) le vamos dando forma de tartaleta con los dedos.

Una vez la calabaza esté hervida, la trituramos, la mezclamos con el azúcar y la maicena y condimentamos al gusto con  canela,  jengibre y  nuez moscada.Rellenamos las tartaletas con el relleno y horneamos durante 20-25 minutos.

Para saber si están listas, podemos pinchar con un palillo en en relleno,  que tiene que estar consistente, y el palillo debería salir limpio.Para decorar, batimos el queso blanco con un tenedor. Si sois muy dulzones, podéis poner una pizca de azúcar, aunque esta receta ya va bien servida. O bien unas gotitas de aroma de vainilla o de mantequilla. Yo metí el queso en una manga pastelera con una boquilla muy finita y dispuse rayas sobre las tartaletas, una vez que enfriaron.

Al final un toquecito de canela y…El resultado es increíble. Tienen un sabor especiado al que no estamos habituados en nuestros postres y que sorprende al primer bocado. Os recomiendo que la intentéis hacer en casa.

¡Aquí ha sido todo un éxito!

¡Os deseo el más dulce de los findes!

Manifiesto por/contra el pediatra

Después de una semanus horribilus, con dientes, catarro de todos y cada uno de los miembros de la unidad familiar, despertares nocturnos, montañas de ropa que lavar, planchar, doblar y sueño, mucho sueño, vuelvo con un tema un tanto polémico. La cuestión, que da título al post, hace tiempo que me viene rondando por la cabeza. Al principio se encendió en mí la duda, como una mini lucecita led, a la que no hacía demasiado caso. Pero con el tiempo, esta pregunta ha ido creciendo y tomando más fuerza. ¿Se entrometen demasiado los pediatras en cuestiones que van más allá de la salud de nuestros hijos?

Mi hija ya entra en consulta con el ceño fruncido.

No perdona esto de ser pinchada de buenas a primeras.

Visita al pediatra

Os pondré en precedentes. Para que estas palabras no parezcan las de una madre que habla desde el resentimiento, he de decir que estoy encantada con la pediatra de mi hija. Es muy dulce y cariñosa, atiende a todas mis preguntas y en un par de ocasiones, para curarnos en salud, le ha mandado a mi hija pruebas complementarias para descartar posibles problemáticas. Como aquella vez que le hizo un volante para una ecografía de la cadera y así descartar una posible displasia. Cosa que, aunque en un principio me alarmó tremendamente, me dejó más tranquila una vez descartado el problema.

Al principio, sobretodo los primeros meses, como buena madre histérica primeriza, le preguntaba cualquier cosa sobre la que tuviera la menor y más remota duda, para asegurarme. El día que nos tocaba consulta, repasaba mentalmente en la sala de espera mi retahíla de cuestiones, que abarcaban temáticas tan variopintas como ¿Es normal que regurgite tanto? ¿Hasta cuando le tengo que hacer las curas del cordón? ¿Hasta cuando tiene que dormir de lado? ¿Es normal que se le caiga tanto el pelo? ¿Qué son estos granitos?… Lo que fuera, ahí estaba yo, sin filtros, para preguntárselo. Y ella, muy amablemente me respondía.

pediatra de confianza

Con el paso de los meses, me relajé. Vi que esto de la maternidad no se me daba del todo mal. Aprendí a dejarme llevar por el sentido común y a tomar mis propias decisiones. Y dejé de preguntarle a la pediatra sobre temas domésticos para centrarme más en temas relacionados con la salud, las vacunas, la tos, las dosis de apiretal… etc

Y entonces, un día sin que yo se lo preguntara, mi pediatra, desde su perspectiva en lo que a ella le parecía que era la mejor manera de proceder, me empezó a aconsejar sobre temas diversos sin ser cuestionada.

Consejos de pediatra no requeridos

Los cereales se los das por la noche con cuchara. Nada de biberón.
Pero y si mi hija, quien nunca hizo buenas migas con la cuchara, se niega, entonces ¿qué hago?

Le empiezas a dar una papilla con 1 plátano, media pera y media manzana.
¿No se llegará a cansar? Cada día las mismas frutas, el mismo sabor. A mí no me gustaría comer cada día lo mismo.

Le deberías quitar ya la toma nocturna. No le ofrezcas el biberón, le das sólo chupete
(Aquí ni osé mencionar palabra)

Ay, no le des esa leche de fórmula. Dale X, H o Y… ¡Pero no esa! Causa estreñimiento…
Pero esas leches que tu me recomiendas me cuesta conseguirlas tanto o más que la leche de unicornio. No la tienen en mi pueblo y tengo que encargarla. A veces, por falta de planificación (vivo al límite) tengo que ir corriendo a pueblos vecinos en búsqueda de la farmacia de turno, y no siempre la encuentro. Así que cometí el improperio de pasarme a una marca fácil de conseguir, es la segunda mejor según la OCU y la tengo en el super de confianza… Y no, mi hija no va estreñida. Para nada. Creedme.

Y no voy a mentir. Lo intenté. El primer día. Los cereales, empiezo a dárselos espesos, con cuchara (a día de hoy aún lo hago) pero a media cena, le da sueño, se cansa, le pican los ojos. Y yo la saco de la trona, le hago un poco más de leche y le añado los cereales. Y se los termina tan ricamente, tumbadita y relajada.

Algunas cosas que si hice

El bibe nocturno, sí, lo intenté suprimir, pero como ya sabréis por anteriores posts, con los problemas de despertares nocturnos, muchas noches he sucumbido al poder adormecedor del biberón para tener la osadía de dormir un par de horitas más.

La fruta, la voy modificando según veo. Algunos días le doy plátanoperamanzana, como me prescribió la pediatra (y digo prescribió, porque ¡me lo anotó en una receta!) otros plátano y melón, otros naranja, ciruela y pera… ¡Incluso he cometido el delito de introducirle 2 galletitas de bebé sin gluten algunos días! Y además, otros tantos días le doy fruta entera ¡ale, lo admito! ¡Y verdura! Y arroz…

¿Qué pensaría mi pediatra sobre esto?

Leí hace poco en el blog de Amalia Arce este interesante post sobre madres que mentían a su pediatra y me dio mucho en qué pensar. Porque no creo que ninguna madre le mienta al pediatra con maldad. Simplemente, creo que lo hacen para no sentirse cuestionadas, para que no invadan su intimidad, para que no intenten modificar sus procedimientos; que si han optado por hacerlos, será por algo, para que no les den alguna reprimenda… Y no, yo no he mentido a mi pediatra… pero le he ocultado la verdad. Le oculto el bibe nocturno, mis variaciones en las recetas de papilla de frutas, mis cereales en biberón… Porque no quiero que me cuestione. No quiero que me vuelva a soltar que le tengo que quitar el biberón nocturno, porque entonces le diré ¡quiero dormir! y ay amigas, ahí me ha pillado porque me podría decir que priman los hábitos de mi hija por encima de mis necesidades fisiológicas. Y eso no lo quiero escuchar. Me haría sentir mala madre. Y se que no lo soy. Que actúo de manera responsable. Simplemente, he empezado a pensar por mí misma.

En mi favor he de decir que sólo le miento en cosas prácticas y de cariz más personal. Que no tengan implicaciones más allá de temas de salud. Porque no se vosotras, pero mi médico de cabecera no me dice qué leche tomar (no sin que yo no se lo pida, vaya) ni de qué sabor me tengo que tomar mi merienda. Uso el sentido común a la hora de tomar un rumbo diferente de las recomendaciones de mi pediatra. Pero creo que es necesario que distinga cuando mi pediatra me habla desde su postura de médico o desde su postura de mamá que da consejos a otra mamá. Y como bien sabemos, todas las madres somos diferentes y no escuchamos todos los consejos que nos dan otras madres. A veces es necesario aplicar el sentido común. Mi sentido común. Y éste me dice que estoy actuando correctamente. Tal vez para la próxima, si sale el tema, confiese. A fin de cuentas, somos un equipo cuyo objetivo es criar a un bebé sano y feliz. Y estamos cumpliendo.

Y vosotras ¿Creéis a pies juntillas las recomendaciones de vuestro pediatra? ¿El aval de un médico es suficiente para acatar cualquier consejo que nos proporcionen? ¿O prima el instinto maternal por encima de todo?

Un pequeño descanso

Como algunas me habéis preguntado por mi ausencia estas semanas, siento que debo una explicación para todas aquellas personas que han entrado estos días en el blog y se han encontrado con que había desaparecido sin dejar rastro. No es fácil explicarme en 140 caracteres, ni tampoco lo es hacerlo en un post entero, porque ahí van mis sentimientos, algunas heridas y mis quebraderos de cabeza, que no son la tónica del blog (ni quiero que lo sean) No os voy a engañar, llevo una semana con este post en marcha y no encontraba la manera de poner voz a la maraña de ideas que últimamente han nublado mi sesera. Así que iré soltándolo así como me va viniendo.

Haciendo camino

Hay veces que la vida nos lleva por caminos que no hubiésemos sospechado jamás. Cuando una empieza a tener edad para saber lo que quiere en la vida y el camino que quiere seguir, se forma una imagen mental de lo que espera vaya a ser su futuro. Yo me imaginaba trabajando en algo que me apasionara, recogiendo a mis hijos del cole, viniendo a comer a casa con mi pareja (nunca he pensado en “marido”, en el sentido burocrático de la palabra) quitando la mesa entre todos, ayudando a los peques con los deberes, como siempre hacia mi mamá conmigo y pasando la tarde, entre menesteres del día a día de una familia: alguna actividad extraescolar, un paseo hasta el parque, un café con mis amigas (a ser posible en mi fantasía; con sus hijos también), volver a casa para cenar, no sin antes haber bañado a los peques, con sus respectivas canciones de bañera, como siempre hacía mi mamá conmigo, compartir la cena, sin nada de tele, escuchando música, para entrenar el gusto musical y después acostar a mis retoños para relajarme junto a mi pareja, planear algún viaje en familia de cara a las próximas vacaciones y acostarme con esa sensación de estar haciéndolo bien con las personas a quien más quiero…

Tampoco pido tanto

Como podéis ver, no eran grandes aspiraciones. Tal vez un poco idealizado pensaréis. Está bien, hubiera podido pasar sin bañar a los niños alguna vez y cenar de pizza en el sofá viendo la tele. Pero en el fondo me propuse objetivos factibles, que sabía que estaban a mi alcance y me hacía feliz sólo el mero hecho de pensar que algún día conseguiría alcanzarlos. Eran mi gasolina para mis días de estudio, mis madrugones, mis trabajos basura poco remunerados…

Pues bien, hoy en día no he alcanzado prácticamente ninguna de esas metas que en su día me propuse. Actualmente no tengo trabajo, no puedo comer con mi pareja ni pasar con él la tarde, porque trabaja más horas que un reloj. Paso los días con nuestra pequeña, que es mi ojito derecho y me da muchísimas alegrías pero también con mi abuela de 86 años quien tiene Alzhéimer, ha pasado a adoptar el rol de hija mía y a quien en su día le prometí que no la llevaría a una residencia (les tiene pavor) y así me ando. No voy a entrar a detallar la árdua tarea que supone convivir con una persona con esta enfermedad degenerativa, pero os diré una cosa: no contribuye a alcanzar los sueños de nadie.

Soy consciente de la situación laboral del país, y he estado llevando a cabo iniciativas para crear mi propio empleo soñado, pero no hago más que encontrar obstáculos. Como añadido tengo: vivir en un pueblo con escasos medios; pocos servicios sociales para atender a la abuela, pocos recursos económicos para poner a alguien que la cuide, mudarme a la ciudad o bien apuntar a la pequeña a un centro infantil mientras yo gano tiempo para moverme por mis sueños. Además de pocos recursos familiares, puesto que en mi familia somos pocos y cada uno aguanta su vela. Así que actualmente me veo atada de pies y manos. Y admito que a veces cuesta mucho intentar mantenerme en mi línea de buen humor e ideas creativas dada mi falta de sueño y mi entrega absoluta hacia dos personas totalmente dependientes.

Los problemas crecen

En mis fantasías juveniles jamás me aventuré a pensar que llevar una casa conllevara tanto esfuerzo, que invertiría casi tantas horas en el ciclo sin fin de la limpieza del hogar (que no el del rey león) como en jugar con mi tesoro. Que andaría con la laca de uñas desconchada, las piernas sin depilar y la mayoría de los objetivos sin cumplir. Que acabaría agotada y con los sueños hechos pedacitos y vueltos a pegar con super glue una y otra vez. A pocos años de la treintena y aún dando tumbos.

caminantenohaycamino2Mi vida nunca ha sido un lecho de rosas, pero siempre he encontrado la manera de sobreponerme, de sacudirme el polvo y levantarme de nuevo. Y en estas me ando, en un proceso de transición, en la búsqueda de mis sueños y de mi realización profesional. Porque aunque me cueste años, aunque me sigan surgiendo escollos, lo voy a seguir intentando.

De momento sigo en la búsqueda. Y una cosa sí es cierta: cada noche me acuesto con la sensación de estar haciéndolo bien con las personas que más quiero… aunque para ello mi actividad en la blogosfera se vea pospuesta hasta momentos más fértiles (creativamente hablando). Porque sigo de camino, intentando alcanzar mi meta.

Qué me decís vosotras ¿Habéis logrado los objetivos personales y/o profesionales que os habíais marcado? ¿Seguís intentándolo o habéis cambiado a otros planes más factibles?

manualidades para recien nacidos

Hace tiempo que vengo queriendo montarle una cesta de los tesoros a la peque. El momento ideal para presentar esta actividad se da una vez que se aguantan sentados sin ayuda pero antes del gateo, cuando sus prioridades ya pasan a ser el desplazamiento. Hoy os cuento cómo organizar y ofrecer esta actividad que, personalmente, considero uno de los básicos para bebés.

Para todas aquellas mamás (y papás) que no hayáis tenido el placer de haber oído hablar anteriormente de la cesta de los tesoros, a primera vista os parecerá una simple cesta llena de un batiburrillo de cachivaches. Y lo es. Creo que de ahí radica su magia. Para el bebé es un mundo de tesoros por descubrir. Para el adulto es un juego económico, fácil de conseguir, fácil de limpiar, fácil de desechar o reutilizar… ¡Todo son ventajas!

cesta-de-tesorosPara fundamentar un poco mi teoría e intentar convenceros de que montéis una cesta de los tesoros para vuestros churumbeles, os diré que en su día fue idea de la pedagoga inglesa Elinor Goldschmied, quien maquinó esta actividad con el fin de desarrollar los sentidos de los más pequeños a través del juego manipulativo. Que no es que sea cosa mía ponerle para jugar cuatro cacharros en un cesto, que está la cosa más que estudiada.

Materiales para la manualidad

Como podéis ver, en su interior he puesto materiales de madera, cristal, metal, cartón, tela, una concha, un cepillo, un colador, un embudo… En definitiva, objetos que no sean de plástico (el material típico del que están hechos casi todos los juguetes de hoy en día) La cuestión es ofrecerle al bebé experiencias sensoriales diferentes en base a las diferencias de forma, color, tamaño, temperatura, peso, olor… de cada objeto.

Y ahora viene cuando os explico el porqué de mi devoción por esta actividad, que supone un sin fin de ventajas, desde mi punto de vista.

Para empezar, dejamos al bebé autonomía de elección. Así pues, si le dejamos sentado junto a la cesta, él mismo podrá seleccionar el material que más le llame la atención en cada momento. Lo puede manipular con los cinco sentidos, con las manos y con la boca, seguramente lo golpee contra el suelo, observando las reacciones que produce, consiguiendo así la satisfacción de su curiosidad innata. Además, en nuestro caso, contribuye a la consolidación del gateo, puesto que los objetos se van desperdigando por el salón y ella se las ingenia para alcanzarlos, teniendo que poner en práctica nuevas habilidades motoras, hasta ahora desconocidas, como por ejemplo el equilibrio o bien conocer los propios límites, cuando ella misma para, porque ve que se puede caer y busca un camino alternativo.

Cómo actuar en el juego

Con este juego se obtiene independencia del adulto, éste le ofrece seguridad, pero desde una distancia prudencial. Yo me sitúo a metro y medio o 2 metros de ella y la observo en silencio. Ella va haciendo, pero de vez en cuando me mira, y la reconforta saber que sigo ahí. Es importante no perderle de vista, pero no intervenir, evitando por ejemplo animarle a que coja un objeto que nunca coge. Tal vez no lo coja porque llame poco su atención, le sea más difícil levantar o simplemente su textura no sea de su agrado.

La cesta de los tesoros se ofrece un ratito cada día, hasta que el bebé se canse y empiece a mirar hacia otros lados. No tiene sentido ofrecerla en demasía, ni tampoco una vez que el bebé ya se desplace con soltura por el espacio, puesto que se habrá perdido la finalidad inicial. Es genial para compartir con más niños que se encuentren en el mismo momento evolutivo, de hecho es una actividad habitual en las aulas de bebés de las escuelas infantiles.

Es muy importante que nos cercionemos que el material es seguro, que no se rompa o contenga piezas pequeñas ya que existe riesgo de atragantamiento. También es recomendable lavar los objetos cada pocos días (puesto que se llenan de babas, acaban rodando por el suelo…) y revisarlos para comprobar que sigan en perfectas condiciones. Si durante los meses que ofrecéis la cesta del tesoro a vuestro bebé vais encontrando nuevos objetos que pensáis pudieran ser de su agrado, podéis ir sacando unos y añadiendo otros, en función de sus preferencias o del material que tengáis disponible.

Mejora de resultados

Para mejores resultados y con tal de favorecer la concentración, recomiendo retirar otros objetos y juguetes que puedan distraerle o estar a su alcance.

Y hasta aquí el post de hoy. Nosotras estamos encantadas con esta nueva actividad. A día de hoy, su objeto predilecto es la flanera de metal y el que menos le motiva es el cepillo de cerdas verdes. La peque disfruta como una loca, con tantos objetos todos, toditos para ella y yo de verla aprender cosas nuevas cada día, curioseando aquí, chupeteando allá… ¡Os la recomiendo encarecidamente!