Super poderes de madre

Pues resulta que mi primogénita este finde ha alcanzado el medio año de edad. Y podría ponerme a hacer un post lacrimoso sobre lo fugaz del tiempo; lo vieja que me hago, lo requete grande que está mi hija, la de cositas que ya sabe hacer…

super madre al rescatePero no. He sido fuerte. Dándole la vuelta a la tortilla (y no, no me han pagado los del hormiguero) me he decidido a contaros, en primicia para vosotras, todas esas cosas requete buenas que me ha aportado la maternidad en estos 6 meses. Son súper poderes con los que jamás hubiera soñado. Habilidades que nadie me hubiera atribuido a mis 27 añazos. Os hablo de los súper poderes que vienen en el lote de la maternidad.

1. Ser multitarea

Whatsappear (con atroces y a la vez comprensibles faltas) mientras duermes al bebé. Cocinar y actualizar el blog. Sacar a los perros, al bebé y la basura. En definitiva, esto de aprovechar los momentos y los viajes, sale mucho más a cuenta. De este modo después de arreglar la cocina, y doblar esa montaña de ropa limpia tal vez puedas ver el capítulo final de esa serie de la que ya te has perdido 2 temporadas  durante 5 minutos hasta que tu bebé te reclame.

2. Decir adiós al perfeccionismo

¿Y qué más da si tienes las piernas como el papel de lija? ¿Que vienen visitas y tienes el salón empantanado? Esta camisa no está lo suficientemente arrugada como para plancharla ¿no? El lunes sin falta empiezo la dieta para recuperar el aspecto que tenia hace 4 veranos antes del embarazo¿Te suenan? Si es que no me da la vida para esas menudencias. ¡Con lo bonito que es tirarse al suelo a jugar con mi hija! Un día de estos, cuando encuentre las pinzas de depilar, si eso, me quitaré los 4 pelos rebeldes de las cejas. De las piernas me despreocupo, que ya no es temporada.A veces, cuando veo una mujer desaliñada bostezando en la cola de la carne, me pregunto cuántos hijos tendrá y si entre ellos se encuentra un lactante de tomas nocturnas y no puedo hacer otra cosa que mirarla con compasión. Un día de estos me parten la cara.

3. Comprensión hacia otras madres

Creo que todas sin excepción, antes de ser madres, decimos: “Yo no seré de esas madres que (introducir comportamiento cuestionable)” y TODAS acabamos cediendo. Porque la teoría y la práctica difieren enormemente. Que levante la mano quien, antes de ser madre, no haya cuestionado algún comportamiento de otra mamá. Ale, el niño todo el día aparcado delante de la tele. Desde luego, mira que ponerle eso para merendar. Pues si fuera mi hijo esto no lo haría. He aprendido que hay que vivir y dejar vivir. Y que cada mamá lo hace lo mejor que sabe, porque las circunstancias no son las mismas para nadie. Además, si no tienes la necesidad de prejuzgar, tampoco te sientes cuestionado (se cree el ladrón que todos son de su condición) y así te evitas vivir dando explicaciones.

4. Rapidez

Bebé de pocos días en casa. Se queda frito. Y aquí empecé a desarrollar la súper velocidad. Voy a realizar todas aquellas tareas por orden de importancia: ducharme (por mi integridad física) fregar platos (ya no quedan limpios) comer (cuestión de supervivencia) poner lavadora (no me quedan bragas limpias) barrer y dormir una siesta. Al final sólo tienes tiempo de ducharte y fregar. Comes cualquier cosa, de pie en la cocina, mientras el bebé empieza a despertarse. Te conviertes en cleptómana de ropa interior de varón. Las pelusas te acabarán invadiendo y dormir… ¡JAJAJA! ay dormir… si es que me troncho.Así que con la experiencia, aprendes a ser rápida si quieres sobrevivir. A saber: tener nutrientes en el estómago, el pelo limpio, las bragas en condiciones, el suelo libre de pelusas… aunque eso de dormir… ¡JAJAJA! Por mucho que corra aún no he encontrado la fórmula idónea para conseguirlo.

5. Noctambulismo

Un día me desperté y estaba sentada en la cama con mi hija en brazos. Llamad a Íker Jiménez. Mi sentido arácnido-materno me avisó de que mi pequeña saltamontes estaba tosiendo e inconscientemente me senté en mi cama y la saqué de su cuna. Cuando me desperté, dormía en mis brazos de nuevo y yo cabeceaba sobre ella en la penumbra de la mañana. Cuando la volví a acostar vi que había regurgitado sobre su cama y entonces entendí toda la secuencia. Y creedme si os digo que yo soy de sueño nivel: que me roben la casa entera y despertarme en medio de la calle con una hoja de parra en mis partes. Si esto no son los súper poderes de la maternidad, ya me diréis que son.Otra vertiente del noctambulismo es el disfrute de la vida nocturna: ese lapso de tiempo desde que el bebé se duerme y tu te vas a dormir, donde llevas a cabo un plan magistral para dominar el mundo. Estoy hablando de…

6. La planificación

Sí amigas incluso yo, que soy un completo desastre, me las he apañado para organizarme. Vacunas, entradas del blog, vida social, menús… Mi abuela siempre me ha dicho quien mucho abarca poco aprieta. Así que, lo mejor es distribuirse las tareas. Para poder abarcarlo todo. Y aún así sigo quedando con dos personas el mismo día y a la misma hora. ¿No es para matarme?

Y tú ¿Qué súper poderes has adquirido desde que eres mamá?

Cosas que he aprendido con mi blog

Soy realista, sabía que un blog conllevaba trabajo, pero cuando me embarqué en esta aventura, ahora hará 3 meses, no sabía qué sorpresas me deparaba el futuro. Y lo cierto es que he aprendido, a base de aciertos y errores, una serie de lecciones que hoy quiero compartir con vosotras.

8 cosas que he aprendido desde que soy bloguera

La enorme satisfacción de planificar, abrir y mantener al día un blog
Ver florecer y crecer un blog día a día es algo que, personalmente, produce mucha satisfacción. En mi caso he sido autodidacta desde el principio. En internet hay todo tipo de tutoriales de almas caritativas que te enseñan a añadir cualquier floritura al diseño de tu blog. Y cuando lo ves ahora, tan completito y miras para atrás, el día que partiste de cero, casi da vértigo la de horas invertidas y el camino recorrido. Pero una vez que se entra en el meollo, o al menos así es mi caso, da muchas satisfacciones. Y eso que hablo desde mi experiencia, la de un blog super pequeñito y modesto. Imagina las blogstars que pueden vivir de lo que para mí es un hobbie.

La importancia del feedback

Es la esencia del blog. Dedicar tu tiempo (y ya sabéis que el tiempo es oro) a pensar un tema y redactarlo para ver como genera opinión e incluso debate, es la mayor de todas las satisfacciones, al menos para mí. Hacer pensar, que te hagan pensar. Intercambiar puntos de vista. El feedback conforma la riqueza de un blog. Tampoco debes olvidar que si a ti te gusta que te comenten, (¿a quién no?) debes comentar cada vez que visites un blog. Y no me refiero a comentar para promocionar tu blog, sino a dejar un aporte para comentar, aportar tu opinión o experiencia etc. ¿Sabéis la cantidad de blogs que visito al día? Decenas. Y no todos son de maternidad. Visito blogs de recetas, de decoración, de moda, de cine… ¿No sería bonito que por cada visita, recibieras un comentario? Sí, se que es imposible, pero la próxima vez que visitéis un blog, pensad que detrás de esas líneas hay un blogger que ha invertido parte de su tiempo en redactar ese post… ¿qué mejor manera de agradecérselo que dejándole un pensamiento?

Una fuente inagotable de todo tipo de conocimientos

En el breve tiempo que vengo viajando por la blogosfera, ésta me ha aportado infinidad de información. Internet es una base de datos inagotable, eso ya lo sabíamos, pero gracias a los blogs especializados, puedes aprender sobre cualquier cosa: una receta, una manualidad, el fascinante mundo del embarazo… Y todo explicado de tu a tu, con confianza y desde la perspectiva más personal. Y eso es lo que hace geniales a los blogs. Y todo gracias, otra vez, a los bloggers. He conocido a muchas personas en este periodo de tiempo, de las que he aprendido muchas cosas que de otra manera, me hubiera resultado imposible.

La sinceridad es la mejor baza

Es mi blog, basado sobre mis experiencias y mis opiniones ¿Serviría de algo que intentara maquillar la realidad? Por ese motivo los posts que publico suelen ir en consonancia con mi estado de ánimo. Y lo mismo digo al respecto de los comentarios. Se trata de dar la opinión personal, siempre desde el respeto y la “profesionalidad”. Y de igual manera agradezco enormemente la sinceridad (también desde el respeto, claro está) de todo aquel que me quiera aportar su opinión.

No es imprescindible, pero una pequeña inversión, hará de tu blog una plataforma más agradecida

No nos engañemos, un blog lo escribes para que te lean, de lo contrario, escribiría un diario secreto y lo guardaría bajo llave. Con mejores resultados me refiero a que es más agradecido de leer un blog que ha pensado en el diseño, los colores, la barra lateral o superior… todo para facilitar la tarea al lector. Yo en mi caso empecé con un diseño muy básico de andar por casa. Para llevarlo a cabo pensé ¿cómo son los blogs en los que más me gusta navegar? Y me refiero al acceso a los mismos y no a los contenidos. Casi todos tienen puntos en común: Un fondo blanco, un menú intuitivo, muchos dibujos o fotos… Así que pensé que lo ideal sería ofrecer a mis lectores lo que me gusta para mí. Por eso contacté con una profesional como Fina para las labores de personalización y voilá! (nota: a mi me sacó mucho mas guapa en la caricatura que en la vida real, lo cual se agradece)

Está bien mirar las estadísticas, pero es mejor no obsesionarse y dejar que las cosas fluyan

Hay herramientas como google analytics o blogger espacio que te permiten acceder a las analíticas del blog. Y está genial. Pero no hay que obsesionarse. Con esto quiero decir que si un día un post lo han leído menos personas, no hay que caer en la decepción. Si realmente pensáis que el post vale la pena, compartidlo más veces en RRSS, a otra hora, tal vez dentro de unos días o semanas. Y si aún así sigue con pocas visitas o feedback comparado con el resto de posts, pensad qué es lo que puede estar fallando (vosotras mismas podéis ser vuestro mejor analytics) si el texto es demasiado denso, tal vez no hay ninguna imagen que lo ilustre, es un tema que se aleja de la temática del blog (como esta misma entrada, por ejemplo)… Y tenedlo en cuenta para futuros posts, pero hasta ahí. Los lectores van llegando en gran parte gracias a…

…La importancia de las redes sociales.

Los contenidos son de suma importancia en un blog, no me malinterpretéis, pero si uno empieza un blog y jamás lo comparte, no recibirá visitas. Personalmente considero que la mejor red social, en cuanto a bloggers se refiere, es twitter. En él circula una gran cantidad de información y os puede parecer que todo ocurre muy rápido, pero el sistema de hashtags y menciones da mucho juego y puede poner en contacto a diferentes personas con un mismo interés, que de otra manera, tal vez no se hubieran cruzado ni remotamente.

Calidad por encima de cantidad

Y para muestra un botón. Esta semana, que hemos tenido serios problemas de despertares nocturnos, más mocos que no nos dejaban respirar, más primer diente… Vamos que no ha sido mi semana más productiva, bloggerilmente hablando. Pero prefiero estar “ausente” que no hacer un post-basura, sólo para cumplir con mi calendario de publicaciones. Esta entrada, por ejemplo, la tenía planeada para la semana pasada, pero he tenido que atender mis necesidades familiares y creo que todos hemos salido ganando: mi hija, que ha necesitado más cariños de mamá que de costumbre y mis seguidores, que a pesar de no tener el mismo número de entradas, valorarán que las pocas que haya puesto, sigan en mi línea.

¿Qué habéis aprendido vosotras desde que circuláis por la blogosfera?

Tartaletas de calabaza

¡Qué ganas tenía de otoño! Habitualmente he sido una persona muy fan incondicional de todo lo estival. Pero de un tiempo a esta parte, supongo que son achaques de la edad, he aprendido a valorar las diferencias climáticas y a centrarme más en el encanto que tiene cada una de las estaciones, el lugar de temer aquello que no me gusta, que siempre ha sido básicamente el frío.Para una persona que tiene los pies fríos de octubre a junio no está nada mal este cambio de perspectiva ¿No creéis?

Cuando era más joven, asociaba el otoño a la vuelta a clases y a las obligaciones. Era una época de mentalización, como ya he dicho antes, me mentalizaba de cara al frío. Y veo a una lectora del norte descojonándose de mí: jajaja frío dice… ¡en Mallorca! Nos ha jodío…En cambio ahora, el otoño, visto desde esta nueva óptica viejuna madura, implica darle una tregua a los sofocos estivales y disfrutar de un tiempo que, sinceramente, es una gozada. Y precisamente con estas temperaturas, en las que me encuentro en mi salsa, me apetecía algo más otoñal para el capricho dulce de esta semana. Hoy tengo el placer de presentar estas deliciosas y suculentas…¿Hay algo más otoñal que una calabaza? y los tonos ocres, un olor suculento saliendo del horno…

La sensación de hogar y de rutina…Como ya sabréis los que os habéis ido pasando por aquí, tengo debilidad por los blogs, webs, recetas y shopping en general made in USA. ¡Cuánto daño han hecho las películas y la globalización a mi mente y sobretodo a mi estómago! Con lo fácil que sería ir al horno más cercano a por una buena ensaïmada…

No estaría mintiendo si dijera que tengo una carpeta en mi navegador llena de recetas de webs extranjeras pendientes por hacer. Y ésta era una de ellas. Pero como no soy capaz de seguir una receta al pie de la letra, empecé a experimentar con satisfactorio resultado.

Y como siempre, fácil.

Nivel huevo frito. (Espero que mi churri no lea esto, ya que para él freír un huevo supone una odisea).Ingredientes para 6 tartaletas:Para la masa

300 g de harina

150 de azúcar moreno

100 g de mantequilla derretida

Para el relleno de calabaza

500 g de calabaza

canela

nuez moscada

jengibre

150 de azúcar

1 cucharada sopera de maicena

Para decorar

50 g de queso crema tipo Philadelphia

canela

Y el paso a paso:Pelamos y cortamos la calabaza y la ponemos a hervir.

Encendemos el horno a máxima temperatura.

Empezamos con la masa. Mezclamos la harina y el azúcar y le añadimos la mantequilla que previamente habremos derretido en el micro. Amasamos con las manos, hasta que quede una pasta “limpia” que no se nos quede pegada a los dedos, ni en el bol. Si os sigue quedando pegajosa, añadid un poco más de harina.Hacemos bolitas del tamaño de una nuez con la masa y en un molde de cupcakes (yo utilicé uno de silicona) le vamos dando forma de tartaleta con los dedos.

Una vez la calabaza esté hervida, la trituramos, la mezclamos con el azúcar y la maicena y condimentamos al gusto con  canela,  jengibre y  nuez moscada.Rellenamos las tartaletas con el relleno y horneamos durante 20-25 minutos.

Para saber si están listas, podemos pinchar con un palillo en en relleno,  que tiene que estar consistente, y el palillo debería salir limpio.Para decorar, batimos el queso blanco con un tenedor. Si sois muy dulzones, podéis poner una pizca de azúcar, aunque esta receta ya va bien servida. O bien unas gotitas de aroma de vainilla o de mantequilla. Yo metí el queso en una manga pastelera con una boquilla muy finita y dispuse rayas sobre las tartaletas, una vez que enfriaron.

Al final un toquecito de canela y…El resultado es increíble. Tienen un sabor especiado al que no estamos habituados en nuestros postres y que sorprende al primer bocado. Os recomiendo que la intentéis hacer en casa.

¡Aquí ha sido todo un éxito!

¡Os deseo el más dulce de los findes!

Un pequeño descanso

Como algunas me habéis preguntado por mi ausencia estas semanas, siento que debo una explicación para todas aquellas personas que han entrado estos días en el blog y se han encontrado con que había desaparecido sin dejar rastro. No es fácil explicarme en 140 caracteres, ni tampoco lo es hacerlo en un post entero, porque ahí van mis sentimientos, algunas heridas y mis quebraderos de cabeza, que no son la tónica del blog (ni quiero que lo sean) No os voy a engañar, llevo una semana con este post en marcha y no encontraba la manera de poner voz a la maraña de ideas que últimamente han nublado mi sesera. Así que iré soltándolo así como me va viniendo.

Haciendo camino

Hay veces que la vida nos lleva por caminos que no hubiésemos sospechado jamás. Cuando una empieza a tener edad para saber lo que quiere en la vida y el camino que quiere seguir, se forma una imagen mental de lo que espera vaya a ser su futuro. Yo me imaginaba trabajando en algo que me apasionara, recogiendo a mis hijos del cole, viniendo a comer a casa con mi pareja (nunca he pensado en “marido”, en el sentido burocrático de la palabra) quitando la mesa entre todos, ayudando a los peques con los deberes, como siempre hacia mi mamá conmigo y pasando la tarde, entre menesteres del día a día de una familia: alguna actividad extraescolar, un paseo hasta el parque, un café con mis amigas (a ser posible en mi fantasía; con sus hijos también), volver a casa para cenar, no sin antes haber bañado a los peques, con sus respectivas canciones de bañera, como siempre hacía mi mamá conmigo, compartir la cena, sin nada de tele, escuchando música, para entrenar el gusto musical y después acostar a mis retoños para relajarme junto a mi pareja, planear algún viaje en familia de cara a las próximas vacaciones y acostarme con esa sensación de estar haciéndolo bien con las personas a quien más quiero…

Tampoco pido tanto

Como podéis ver, no eran grandes aspiraciones. Tal vez un poco idealizado pensaréis. Está bien, hubiera podido pasar sin bañar a los niños alguna vez y cenar de pizza en el sofá viendo la tele. Pero en el fondo me propuse objetivos factibles, que sabía que estaban a mi alcance y me hacía feliz sólo el mero hecho de pensar que algún día conseguiría alcanzarlos. Eran mi gasolina para mis días de estudio, mis madrugones, mis trabajos basura poco remunerados…

Pues bien, hoy en día no he alcanzado prácticamente ninguna de esas metas que en su día me propuse. Actualmente no tengo trabajo, no puedo comer con mi pareja ni pasar con él la tarde, porque trabaja más horas que un reloj. Paso los días con nuestra pequeña, que es mi ojito derecho y me da muchísimas alegrías pero también con mi abuela de 86 años quien tiene Alzhéimer, ha pasado a adoptar el rol de hija mía y a quien en su día le prometí que no la llevaría a una residencia (les tiene pavor) y así me ando. No voy a entrar a detallar la árdua tarea que supone convivir con una persona con esta enfermedad degenerativa, pero os diré una cosa: no contribuye a alcanzar los sueños de nadie.

Soy consciente de la situación laboral del país, y he estado llevando a cabo iniciativas para crear mi propio empleo soñado, pero no hago más que encontrar obstáculos. Como añadido tengo: vivir en un pueblo con escasos medios; pocos servicios sociales para atender a la abuela, pocos recursos económicos para poner a alguien que la cuide, mudarme a la ciudad o bien apuntar a la pequeña a un centro infantil mientras yo gano tiempo para moverme por mis sueños. Además de pocos recursos familiares, puesto que en mi familia somos pocos y cada uno aguanta su vela. Así que actualmente me veo atada de pies y manos. Y admito que a veces cuesta mucho intentar mantenerme en mi línea de buen humor e ideas creativas dada mi falta de sueño y mi entrega absoluta hacia dos personas totalmente dependientes.

Los problemas crecen

En mis fantasías juveniles jamás me aventuré a pensar que llevar una casa conllevara tanto esfuerzo, que invertiría casi tantas horas en el ciclo sin fin de la limpieza del hogar (que no el del rey león) como en jugar con mi tesoro. Que andaría con la laca de uñas desconchada, las piernas sin depilar y la mayoría de los objetivos sin cumplir. Que acabaría agotada y con los sueños hechos pedacitos y vueltos a pegar con super glue una y otra vez. A pocos años de la treintena y aún dando tumbos.

caminantenohaycamino2Mi vida nunca ha sido un lecho de rosas, pero siempre he encontrado la manera de sobreponerme, de sacudirme el polvo y levantarme de nuevo. Y en estas me ando, en un proceso de transición, en la búsqueda de mis sueños y de mi realización profesional. Porque aunque me cueste años, aunque me sigan surgiendo escollos, lo voy a seguir intentando.

De momento sigo en la búsqueda. Y una cosa sí es cierta: cada noche me acuesto con la sensación de estar haciéndolo bien con las personas que más quiero… aunque para ello mi actividad en la blogosfera se vea pospuesta hasta momentos más fértiles (creativamente hablando). Porque sigo de camino, intentando alcanzar mi meta.

Qué me decís vosotras ¿Habéis logrado los objetivos personales y/o profesionales que os habíais marcado? ¿Seguís intentándolo o habéis cambiado a otros planes más factibles?

manualidades para recien nacidos

Hace tiempo que vengo queriendo montarle una cesta de los tesoros a la peque. El momento ideal para presentar esta actividad se da una vez que se aguantan sentados sin ayuda pero antes del gateo, cuando sus prioridades ya pasan a ser el desplazamiento. Hoy os cuento cómo organizar y ofrecer esta actividad que, personalmente, considero uno de los básicos para bebés.

Para todas aquellas mamás (y papás) que no hayáis tenido el placer de haber oído hablar anteriormente de la cesta de los tesoros, a primera vista os parecerá una simple cesta llena de un batiburrillo de cachivaches. Y lo es. Creo que de ahí radica su magia. Para el bebé es un mundo de tesoros por descubrir. Para el adulto es un juego económico, fácil de conseguir, fácil de limpiar, fácil de desechar o reutilizar… ¡Todo son ventajas!

cesta-de-tesorosPara fundamentar un poco mi teoría e intentar convenceros de que montéis una cesta de los tesoros para vuestros churumbeles, os diré que en su día fue idea de la pedagoga inglesa Elinor Goldschmied, quien maquinó esta actividad con el fin de desarrollar los sentidos de los más pequeños a través del juego manipulativo. Que no es que sea cosa mía ponerle para jugar cuatro cacharros en un cesto, que está la cosa más que estudiada.

Materiales para la manualidad

Como podéis ver, en su interior he puesto materiales de madera, cristal, metal, cartón, tela, una concha, un cepillo, un colador, un embudo… En definitiva, objetos que no sean de plástico (el material típico del que están hechos casi todos los juguetes de hoy en día) La cuestión es ofrecerle al bebé experiencias sensoriales diferentes en base a las diferencias de forma, color, tamaño, temperatura, peso, olor… de cada objeto.

Y ahora viene cuando os explico el porqué de mi devoción por esta actividad, que supone un sin fin de ventajas, desde mi punto de vista.

Para empezar, dejamos al bebé autonomía de elección. Así pues, si le dejamos sentado junto a la cesta, él mismo podrá seleccionar el material que más le llame la atención en cada momento. Lo puede manipular con los cinco sentidos, con las manos y con la boca, seguramente lo golpee contra el suelo, observando las reacciones que produce, consiguiendo así la satisfacción de su curiosidad innata. Además, en nuestro caso, contribuye a la consolidación del gateo, puesto que los objetos se van desperdigando por el salón y ella se las ingenia para alcanzarlos, teniendo que poner en práctica nuevas habilidades motoras, hasta ahora desconocidas, como por ejemplo el equilibrio o bien conocer los propios límites, cuando ella misma para, porque ve que se puede caer y busca un camino alternativo.

Cómo actuar en el juego

Con este juego se obtiene independencia del adulto, éste le ofrece seguridad, pero desde una distancia prudencial. Yo me sitúo a metro y medio o 2 metros de ella y la observo en silencio. Ella va haciendo, pero de vez en cuando me mira, y la reconforta saber que sigo ahí. Es importante no perderle de vista, pero no intervenir, evitando por ejemplo animarle a que coja un objeto que nunca coge. Tal vez no lo coja porque llame poco su atención, le sea más difícil levantar o simplemente su textura no sea de su agrado.

La cesta de los tesoros se ofrece un ratito cada día, hasta que el bebé se canse y empiece a mirar hacia otros lados. No tiene sentido ofrecerla en demasía, ni tampoco una vez que el bebé ya se desplace con soltura por el espacio, puesto que se habrá perdido la finalidad inicial. Es genial para compartir con más niños que se encuentren en el mismo momento evolutivo, de hecho es una actividad habitual en las aulas de bebés de las escuelas infantiles.

Es muy importante que nos cercionemos que el material es seguro, que no se rompa o contenga piezas pequeñas ya que existe riesgo de atragantamiento. También es recomendable lavar los objetos cada pocos días (puesto que se llenan de babas, acaban rodando por el suelo…) y revisarlos para comprobar que sigan en perfectas condiciones. Si durante los meses que ofrecéis la cesta del tesoro a vuestro bebé vais encontrando nuevos objetos que pensáis pudieran ser de su agrado, podéis ir sacando unos y añadiendo otros, en función de sus preferencias o del material que tengáis disponible.

Mejora de resultados

Para mejores resultados y con tal de favorecer la concentración, recomiendo retirar otros objetos y juguetes que puedan distraerle o estar a su alcance.

Y hasta aquí el post de hoy. Nosotras estamos encantadas con esta nueva actividad. A día de hoy, su objeto predilecto es la flanera de metal y el que menos le motiva es el cepillo de cerdas verdes. La peque disfruta como una loca, con tantos objetos todos, toditos para ella y yo de verla aprender cosas nuevas cada día, curioseando aquí, chupeteando allá… ¡Os la recomiendo encarecidamente!

Vas a ser mamá

Este día tenía que llegar. Tenía esta entrada en la recámara, dudando de ella por ser demasiado sentimentaloide. Lo he estado aplazando pero hasta aquí hemos llegado. Y de hoy no pasa. Hoy voy a hablaros de mi abuela.

Por esas cosas que tiene la vida, mi mamá nos dejó, después de una larga enfermedad, cuando yo tenía apenas 9 años. Y de ahí nos criaron a mi hermana y a mí, mi padre y mi abuela materna. Tengo muchos y buenos recuerdos de mi madre, pero éstos son desde la perspectiva de hija, y de la niñez. En cambio con mi abuela he empezado a empatizar y a comprender muchas cosas. Pero he tenido que convertirme en madre para poder hacerlo.

Mi abuela.

Mi abuela tuvo a mi madre a principios de los cincuenta, en su casa; en su cama. Ahora vuelven a estar a la orden del día los partos en casa, pero no es lo mismo. Antes no se tenía elección. En todo el embarazo sólo le hicieron una analítica de sangre… y para de contar. No había tests de embarazo, ni nociones de toxoplasmosis, ecógrafos, ropa premamá, Test de O’Sullivan, clases preparto, ni ejercicios de kegel, cosméticos antiestrías, ni Epidural…

Cuando mi abuela se quedó embarazada, se estilaba tejer a mano la ropita del bebé. Con lana tipo perlé. En colores neutros. Y se heredaban faldones. Sí, sí faldones largos, llenos de lazos y puntillas…Y nada de ¿y que va ser, niño o niña? Se solía preguntar más bien ¿Y que preferirías: niño o niña?
Nada de libros ni apps de Tu embarazo mes a mes. En aquel entonces sólo había boca a boca y creencias populares. De ahí las leyendas urbanas tipo si tienes acidez, va a ser peludo. Si tienes la barriga picuda va a ser niño.

ser madre

Cuando mi abuela presentó síntomas de ponerse de parto, una vecina le recomendó que se hiciera una infusión con unas hierbas (ahora no recuerdo cuáles) y que se sentara en una silla, sin ropa interior con la olla debajo y los vapores emanando hacia sus partes. Se supone que el objetivo de dicha pócima era dilatar más rápidamente. La pobre de mi abuela le hizo caso y, nunca sabremos si fue cosa del brebaje o no, pero tuvo un parto complicado, con un gran desgarro y mucha sangre. Eso sí, ella siempre lo achacó a ese consejo.

Cuando mi madre nació, la única comadrona que había en el pueblo, estaba atendiendo otro parto. Así que recibieron al bebé mi bisabuela y una tía. El padre de la criatura, mi abuelo, al margen, que eso no eran menesteres de hombre. Después se pasó el médico por casa, para coser el desgarro. ¡Y le dio los puntos encima de la mesa de la cocina! Ni perneras, ni autoclave. En la cocina. Con una olla de agua hirviendo y toallas limpias.

En los años cincuenta se daba teta. Y te tenía que ir bien. No había leche de fórmula. Aunque también había mamás que tenían problemas con la lactancia. Las alternativas eran :
a) Que otra mamá lactante se apiadara de tu bebé y le diera pecho también (así lo hizo mi otra abuela con un niño del pueblo, le daba pecho a mi padre y a ese bebé a la vez)
b) La leche de cabra, ya que era más económico tener una cabra en el patio de casa que no mantener una vaca. Aunque eso no todo el mundo se lo podía permitir en aquella época.
c) La leche condensada. Criar a un bebé con biberones de leche condensada diluida en agua.

Dar el pecho.

La abuela le dio pecho a mi madre hasta que vio que la pequeña tenía curiosidad por lo que ellos comían. Entonces, como por aquel entonces aún no eran comunes las papillas Nestlé, le empezó a hacer papillas de arroz. Con agua del mismo hervirlo y un poco de arroz machacado con un tenedor. Lo aprendió de su madre, quien también lo hacía con ella. Mi bisabuela no lo sabía, pero puede que fuera la inventora de las papillas sin gluten para bebés. Optó por este cereal, porque ya era sabido que la harina común (la de trigo), en bebés tan pequeños, no siempre era digestiva. Después combinó la alimentación complementaria con leche materna hasta que mi madre tuvo más de un año. Y nunca nadie le dijo: ¡tan grande y con teta!

Recientemente le pregunté a mi abuela que cuando pasó a mi madre a su propia habitación. ¡Cuando ella me lo pidió! fue la respuesta que me dio y da para mucha reflexión ¿No creéis?
Como veis, no había pediatras que defendieran a ultranza la crianza con apego, esta simplemente fluía. Por cierto, os recomiendo este post de mi paisana Y de repente somos tres. Donde ilustra muy bien la situación de los manuales de crianza versus el instinto.

Pero con lo que más empatizo respecto a mi abuela es con la sobreprotección. Tal vez fuera exagerada. Sí. Toda la vida le he reprochado su extrema precaución ¿A dónde vas? ¿Con quien vas? ¿A qué hora vas a volver? ¿Vendrás para la cena? ¿Sales así? Pero si va a llover. Tápate. Y sólo ahora entiendo ese instinto, que te sale de dentro para proteger a un hijo. Esa chispa que te hace despertar en medio de la noche y comprobar que todo esté bien.

La actualidad y el parto.

Recientemente he estado dándole muchas vueltas al tipo de maternidad que vivió mi abuela. Y a la que vivimos nosotras, las madres 2.0 hoy en día. Y he llegado a estas conclusiones:

Seguimos teniendo las mismas incertidumbres ante el parto, independientemente de los avances médicos y tecnológicos.
Seguimos teniendo las mismas preocupaciones: alimentación, educación y crianza de nuestros hijos.
Nos seguimos esforzando por dar lo mejor de nosotras a nuestros bebés. Amor incondicional y cariño infinito. Un beso de buenas noches a la hora de arropar, siempre ha sido igual, independientemente de la época en que nos encontremos.
Mantenemos el mismo instinto, nos dejamos llevar por nuestra intuición. Nunca pensé que yo sería capaz de diferenciar los llantos de un bebé. Pero, no se cómo, lo hago. Y si eso no es instinto ya me diréis qué es, porque esto no lo enseñan en la escuela de padres.

Mirando a mi hija dormir, por un momento he intentado visualizarla a ella, el día de mañana, explicándole a su nieta, tal cómo hizo mi abuela conmigo, que si todas las mujeres de la historia han podido parir, ¿Por qué tu no vas a poder, hija mía? Y es que la esencia de la maternidad, se mantiene intacta con el paso del tiempo.

snack helado de granola y yogur con miel

En este país hay una serie de alimentos a los que no estamos del todo acostumbrados y, en cambio, en otros países son todo un clásico. Me estoy refiriendo al muesli. Sí, todos sabemos lo que es y sí, todos lo hemos comido, pero yo percibo que el éxito de este alimento no termina de cuajar.

Helado apto para bebés

En cambio en otros países, dentro y fuera de la unión europea, ya han alcanzado otros niveles de preparar este desayuno, llegando más allá del bol con leche y copos de avena. Incluso se refieren a la mezcla de muesli con miel o frutos secos por el nombre de granola. ¡E incluso han inventado mil maneras de comerlo! Sinceramente, ¿a cuantos de aquí os suena haber visto este nombre en el súper? Tal vez sea un problema insular, pero aquí me tuve que enterar de su existencia gracias a mis frecuentes visitas a blogs extranjeros.

Mi pareja siempre me ha dicho que tengo “gustos de guiri” y ello se debe a que me crié en zona turística, con un montón de souvenirs, mini markets y restaurantes que adaptaban sus productos y platos con frecuencia a los gustos de sus comensales, mayoritariamente alemanes.

Y ahora viene la anécdota: solemos frecuentar una heladería de la zona, donde elaboran artesanalmente sus propios helados y mi preferido sin lugar a dudas era uno de muesli, con yogur helado y miel. Decorando la cubeta había un letrero con una enorme abeja que decía “Fiore”. Y yo, siempre que íbamos me pedía “dos bolas de helado de abeja, por favor” y me lo comía con un gusto supremo, ante la mirada de él, que por lo bajini decía “gustos de guiri”. Un buen día volvimos, y no tenían mi delicioso helado de abeja. Pensé que habrían agotado existencias y me pedí otro sabor. Y a la siguiente vez, ¡Seguí sin ver a mi querida Fiore” Aquí ya pregunté con indignación a la chica, que me respondió muy condescendientemente:

Es un helado que gusta muy poco, se vendía muy mal. Bueno, de hecho lo seguimos fabricando, pero sólo para el buffet de un hotel que nos lo tiene encargado. ¿Quieres que te encargue una cubeta?

Helada me quedé y no de comer helado precisamente. El padre de mi hija aún se ríe de mi cuando pego la nariz al mostrador de los helados y noto la ausencia de la abeja. He tenido que resignarme a aceptar que tal vez sea cierto, tengo gustos que van más allá de nuestras fronteras.

Y cómo soy golosa, pero mi sentido común mi mini congelador me impide hacerme con una cubeta de chiquicientos litros de helado, me decidí a prepararme yo misma una versión de mi helado de abeja, en forma de mini raciones, snacks, cuya idea saqué de aquí.

Éste es el resultado:

helado de granola para bebesfrozen granola snack

Llamadme guiri todo lo que queráis, pero está de vicio. Y no hace falta que diga que es sano ¿no?

Ahí va el making of:

Los ingredientes que he utilizado:

Yogur griego (que previamente he mezclado con 2 cucharadas de miel :P)
Copos de avena
Mix de frutos secos (ya venden bolsitas hechas)

Paso a paso:

1. He incorporado la avena con un poco de la mezcla de yogur y miel, creando así una masa compacta. Después lo he distribuido en los huecos de un molde de silicona para madalenas muffins.

2. Lo he terminado de cubrir con el resto de yogur

3. He puesto los frutos secos encima y al congelador.

¡Tachán!

grozen snack

Un tentempié o postre que, personalmente ¡me encanta!

¿Que os ha parecido? ¿Sois también detractores del muesli? ¿Os animáis a hacerlo?

Fabricar tamborín para bebe

Mi bebé se aburre. Sí amigas. Es la triste realidad. Juega con un sonajero como si no hubiera un mañana y acto seguido lo suelta. Se gira, se pone de panza (su nueva afición preferida) pero al cabo de un rato se cansa. Le ofrezco un trapito (ahora se ve que se llaman muselinas) y juega como una loca… 5 minutos.

Así que me empecé a romper la cabeza buscando algo que le resultara divertido (aunque solo fueran 5 minutitos) para variar (aún más) su oferta actual de juguetes.

Y esto es lo que se me ocurrió hacer con 4 cosas que tenía por casa.

tamborin para bebe

Hecho con amor

Muy fácil de hacer. Solo necesité estos materiales:

materiales para tambor manualidadUna caja de quesitos
Washi tape
Botones o cuentas
Hilo
Un lápiz
Pintura y pincel

Fases para hacer el tamborín.

Primero pintamos la caja. Yo tenía esta pintura dorada por casa. ¿A que es un color bonito? Es muy brillante y eso a los bebés les encanta.
Después hacemos dos “manojos de hilos” Cada manojo irá a un lado del tamborín con sus respectivos botones. Yo hice dos (como los que veis en la foto 2) de 4 hilos cada uno. Después hacemos un nudo en cada grupo de hilos, para que no se esparzan.
A continuación haremos una pequeña incisión con unas tijeras en lo que será la base del tamborín e introducimos el lápiz.

fases construir tamborin
Lo más complicado viene a la hora de fijarlo por dentro para que no baile. Yo lo adherí al interior con más washi tape (vale para todo) y quedó más que bien.

¿Recordáis el manojo de hilos del punto 2? Pues ahora tenemos que introducir los botones por el extremo que queda libre. Yo tenía botones y cuentas. En cada manojo introduje 3 botones.
En mi caja de quesitos venían dos mini agujeros que me vinieron genial para introducir los hilos. Si no los tuviera, habría que hacerlos por ejemplo, con la punta de unas tijeras afiladas. Pasamos los hilos y hacemos un nudo en la parte que queda dentro de la caja, para que no salgan. Vigilad que os queden de la misma medida los dos lados.

tambor-para-bebe
A continuación selle ambas mitades de la caja con más washi (lo tengo más que amortizado a estas alturas ¿eh?)
Para que los hilos no queden aplastados hacemos una mini incisión en el washi, para que se puedan mover libremente y…
Al final me pareció muy soso todo dorado así que recorté un corazón de cartón de una caja de cereales y lo pinté

Y ¡tachán! éste es el resultado ¿Qué os parece? ¿Alguien se anima?

resultado tambor para bebes

Nura desde luego ha alucinado…
… ¡Durante 5 laaaargos minutos! Mañana se lo vuelvo a sacar 🙂