Para tí que vas a ser madre

Para ti, que sientes temblar los cimientos de tu estabilidad. Y esta afirmación que a priori parece abstracta se manifiesta, nada más lejos de la realidad, con unas fuertes náuseas, tal cual hubieses bajado de una atracción de feria. Para ti, que tu olfato se ha desarrollado hasta límites que no creías posibles, llegando a olfatear cualquier rastro de pestilencia delicado perfume de cualquier ser humano en 100 metros a la redonda. Para ti, que sientes la incertidumbre de que las cosas vayan a salir bien, de no saber del todo cuál será el mejor momento para dar la buena nueva, de estar preocupada por el tamaño que va a llegar a alcanzar tu barriga. Para ti, que vas a ser mamá. Tengo una noticia que darte: no lo vas a ser; ya lo eres.

Muchas preguntas sobre ser mami

¿Crees que estas embarazada y en unos pocos meses serás madre? Te equivocas ¿Crees que empezaste a ser mamá desde el preciso instante en que tu sueño se materializó a través de una rayita rosa? Te equivocas de nuevo, my friend.
De hecho iniciabas tus andaduras en la maternidad mucho antes, aunque eso tú, aún no lo sabes. Ya empezabas a ser mamá el día que se te escapó una lagrimilla viendo ese parto por youtube y deseaste ser tú esa afortunada mujer, en lugar de temblar de miedo ante semejante panorama de sangre, vísceras e instrumental sanitario como solías hacer hasta ahora.

solo en casa
Ya eras mamá desde mucho antes de ese momento en que ves rayitas rosas dobles, al lado de tu primer pis del día recién exprimido. Cuando te frotas los ojos, pensando que las legañas te impiden ver la realidad, pero paulatinamente aquella rayita se va oscureciendo y…¡Tachán! ¡Estás embarazada! y entonces te dan ganas de gritar cual Kevin McCallister pensando en todo lo que se te viene encima. Déjame que te diga algo que quizás aún no sabes: ya eres inmensamente afortunada.

Carta a una nueva madre

Te escribo estas líneas para que sepas que, a pesar de los tópicos, todo va a salir bien. Confía en mi. Y confía en ti. Sobretodo confía en ti. En tu capacidad para tomar decisiones, y sobre todo en la capacidad de tu cuerpo. Deja de tener pensamientos negativos sobre todo lo que te rodea, sobre tu parto, sobre tu bebé, sobre tu posparto, sobre ese conjunto con faldones de bebé en foto sepia que te han regalado… Y sé que esto te va a resultar complicado pero… intenta disfrutar del embarazo. Levántate el jersey y mírate esa panza:
Por culpa de ella te cuesta caminar, te cuesta respirar, te cuesta hacer la digestión, te es prácticamente imposible dormir y atarte los zapatos… pero gracias a ella vas a ser la mujer más inmensamente feliz del mundo. Y hablo de un tipo de felicidad que roza el misticismo. Hablo de la felicidad suprema verdadera. No existe aún una palabra en el diccionario español que aúne en un mismo significado las palabras amor + felicidad supremas verdaderas. Y eso exactamente es lo que vas a sentir. Te lo juro. Céntrate en eso y olvida todo lo demás. El resto es secundario.

Para ti, que estás llena de miedos y puñetas, nadie mejor que tu yo del futuro para aconsejarte y decirte todo lo que me hubiera ido bien saber por aquel entonces. Las cosas cambian vistas desde aquí. Ella es lo más importante. Y las hemorroides y la acidez no son sino un vago recuerdo que ahora queda muy atrás. Palabra. Ahora solo falta que la tecnología avance para poder hacerme hacerte llegar esta carta.

¿Algún Delorean en la sala?

PD: Aprovecha ahora para hacer cosas del tirón: dormir, limarte las uñas, comer de una sentada, hacerte las cejas, plantar un pino…

Con cariño,
Yo

cinco cosas que aprendí de mi bebe

¿Sabíais que de la observación directa de los bebés se pueden aprender muchas cosas?

Y no me refiero sólo a hechos directamente relacionados con su desarrollo, que es lo que, quien más quien menos, viene haciendo desde el principio de los tiempos. Mira, ya le empiezan los dientes, no. Yo de mi bebé estoy aprendiendo lecciones de la vida. Diréis: ¡hala, que profunda! Pues sí, sin ir más lejos, observando e interactuando con mi hija de 5 meses he podido sacar, a grandes rasgos, estas 5 lecciones vitales, que creo me ayudarían a ser un poco más feliz por la vida.

A continuación…

¿Qué he aprendido de mi hija en estos 5 meses?

A no fingir: ese me cae bien, pero este no. Y no pienso hacer nada por disimularlo. El problema de aceptación lo tienes tu, no yo. Más claro agua ¿no? Los bebés no se complican la vida con las relaciones interpersonales. Esta situación no es irreversible, tal vez más adelante las cosas cambien, porque los bebés tienden..

A vivir en el presente: importa el aquí y el ahora. Lo que ocurriera antes o lo que vendrá después poco importa. Vamos, el carpe diem en su máximo exponente lo viene desarrollando mi bebé desde el minuto cero. Si me he dado un coscorrón, pero me hacen reír, pues me olvido del chichón y me río. Y todos felices. ¿No nos facilitaría mucho las cosas ir así por la vida?A maravillarme con los pequeños detalles del día a día.

Todos esos banderines que decoran las calles del pueblo en fiestas, las rayas de tu vestido,  esa montaña de manzanas en el súper, las hojas de una palmera bailando con el viento… Son pequeños gestos que pasamos por alto cada día y que desde que los comparto con mi hija me hacen valorar un poco más esas instantáneas que le dan el punto a cualquier situación. Llamadme cursi.

A no rendirme en mis objetivos.

Y si no lo consigo a la primera, intento cambiar de estrategia. Repetidas veces. Hasta la saciedad. Este hecho ha quedado más que patente en los intentos de mi hija por darse la vuelta. Se sabe poner boca abajo, pero le cuesta horrores volver a la postura de espaldas. Pero ella no se rinde, entrena y entrena… y si se siente atascada nunca está de más..Pedir ayuda. A veces a los adultos nos cuesta la vida hacer una llamada de auxilio de oye, que estoy agobiada, échame un cable.

O delegar responsabilidades.

Creemos que podemos con todo pero nunca está de más recibir una ayuda extra. Y ella es capaz de darle a esto del ¡Help, ayúdame! TODAS las veces que considere necesarias.Entiendo que, en nuestra burbuja de adultos, no siempre tenemos tiempo para encantarnos a observar cómo se mueven las hojas de los árboles ni dejar de planear el futuro.

Y tiro la primera piedra al admitir que yo me estreso con facilidad y acabo corriendo y tirándome de los pelos.

Precisamente hace algunos días, justamente cuando estaba preparando esta entrada, llegó a mis manos este blog de Slow life que me encantó (y que os recomiendo a todos) donde Silvana y Daniel (a.k.a Pepper and Ginger) desgranan los secretos de la vida sin prisas. Y eso es precisamente lo que hacen los bebés, vivir centrándose sólo en lo que es esencial a sus ojos. Y no parece que les vaya del todo mal.Y vosotros ¿Qué habéis aprendido de vuestros hijos?

Super poderes de madre

Pues resulta que mi primogénita este finde ha alcanzado el medio año de edad. Y podría ponerme a hacer un post lacrimoso sobre lo fugaz del tiempo; lo vieja que me hago, lo requete grande que está mi hija, la de cositas que ya sabe hacer…

super madre al rescatePero no. He sido fuerte. Dándole la vuelta a la tortilla (y no, no me han pagado los del hormiguero) me he decidido a contaros, en primicia para vosotras, todas esas cosas requete buenas que me ha aportado la maternidad en estos 6 meses. Son súper poderes con los que jamás hubiera soñado. Habilidades que nadie me hubiera atribuido a mis 27 añazos. Os hablo de los súper poderes que vienen en el lote de la maternidad.

1. Ser multitarea

Whatsappear (con atroces y a la vez comprensibles faltas) mientras duermes al bebé. Cocinar y actualizar el blog. Sacar a los perros, al bebé y la basura. En definitiva, esto de aprovechar los momentos y los viajes, sale mucho más a cuenta. De este modo después de arreglar la cocina, y doblar esa montaña de ropa limpia tal vez puedas ver el capítulo final de esa serie de la que ya te has perdido 2 temporadas  durante 5 minutos hasta que tu bebé te reclame.

2. Decir adiós al perfeccionismo

¿Y qué más da si tienes las piernas como el papel de lija? ¿Que vienen visitas y tienes el salón empantanado? Esta camisa no está lo suficientemente arrugada como para plancharla ¿no? El lunes sin falta empiezo la dieta para recuperar el aspecto que tenia hace 4 veranos antes del embarazo¿Te suenan? Si es que no me da la vida para esas menudencias. ¡Con lo bonito que es tirarse al suelo a jugar con mi hija! Un día de estos, cuando encuentre las pinzas de depilar, si eso, me quitaré los 4 pelos rebeldes de las cejas. De las piernas me despreocupo, que ya no es temporada.A veces, cuando veo una mujer desaliñada bostezando en la cola de la carne, me pregunto cuántos hijos tendrá y si entre ellos se encuentra un lactante de tomas nocturnas y no puedo hacer otra cosa que mirarla con compasión. Un día de estos me parten la cara.

3. Comprensión hacia otras madres

Creo que todas sin excepción, antes de ser madres, decimos: “Yo no seré de esas madres que (introducir comportamiento cuestionable)” y TODAS acabamos cediendo. Porque la teoría y la práctica difieren enormemente. Que levante la mano quien, antes de ser madre, no haya cuestionado algún comportamiento de otra mamá. Ale, el niño todo el día aparcado delante de la tele. Desde luego, mira que ponerle eso para merendar. Pues si fuera mi hijo esto no lo haría. He aprendido que hay que vivir y dejar vivir. Y que cada mamá lo hace lo mejor que sabe, porque las circunstancias no son las mismas para nadie. Además, si no tienes la necesidad de prejuzgar, tampoco te sientes cuestionado (se cree el ladrón que todos son de su condición) y así te evitas vivir dando explicaciones.

4. Rapidez

Bebé de pocos días en casa. Se queda frito. Y aquí empecé a desarrollar la súper velocidad. Voy a realizar todas aquellas tareas por orden de importancia: ducharme (por mi integridad física) fregar platos (ya no quedan limpios) comer (cuestión de supervivencia) poner lavadora (no me quedan bragas limpias) barrer y dormir una siesta. Al final sólo tienes tiempo de ducharte y fregar. Comes cualquier cosa, de pie en la cocina, mientras el bebé empieza a despertarse. Te conviertes en cleptómana de ropa interior de varón. Las pelusas te acabarán invadiendo y dormir… ¡JAJAJA! ay dormir… si es que me troncho.Así que con la experiencia, aprendes a ser rápida si quieres sobrevivir. A saber: tener nutrientes en el estómago, el pelo limpio, las bragas en condiciones, el suelo libre de pelusas… aunque eso de dormir… ¡JAJAJA! Por mucho que corra aún no he encontrado la fórmula idónea para conseguirlo.

5. Noctambulismo

Un día me desperté y estaba sentada en la cama con mi hija en brazos. Llamad a Íker Jiménez. Mi sentido arácnido-materno me avisó de que mi pequeña saltamontes estaba tosiendo e inconscientemente me senté en mi cama y la saqué de su cuna. Cuando me desperté, dormía en mis brazos de nuevo y yo cabeceaba sobre ella en la penumbra de la mañana. Cuando la volví a acostar vi que había regurgitado sobre su cama y entonces entendí toda la secuencia. Y creedme si os digo que yo soy de sueño nivel: que me roben la casa entera y despertarme en medio de la calle con una hoja de parra en mis partes. Si esto no son los súper poderes de la maternidad, ya me diréis que son.Otra vertiente del noctambulismo es el disfrute de la vida nocturna: ese lapso de tiempo desde que el bebé se duerme y tu te vas a dormir, donde llevas a cabo un plan magistral para dominar el mundo. Estoy hablando de…

6. La planificación

Sí amigas incluso yo, que soy un completo desastre, me las he apañado para organizarme. Vacunas, entradas del blog, vida social, menús… Mi abuela siempre me ha dicho quien mucho abarca poco aprieta. Así que, lo mejor es distribuirse las tareas. Para poder abarcarlo todo. Y aún así sigo quedando con dos personas el mismo día y a la misma hora. ¿No es para matarme?

Y tú ¿Qué súper poderes has adquirido desde que eres mamá?

Cosas que he aprendido con mi blog

Soy realista, sabía que un blog conllevaba trabajo, pero cuando me embarqué en esta aventura, ahora hará 3 meses, no sabía qué sorpresas me deparaba el futuro. Y lo cierto es que he aprendido, a base de aciertos y errores, una serie de lecciones que hoy quiero compartir con vosotras.

8 cosas que he aprendido desde que soy bloguera

La enorme satisfacción de planificar, abrir y mantener al día un blog
Ver florecer y crecer un blog día a día es algo que, personalmente, produce mucha satisfacción. En mi caso he sido autodidacta desde el principio. En internet hay todo tipo de tutoriales de almas caritativas que te enseñan a añadir cualquier floritura al diseño de tu blog. Y cuando lo ves ahora, tan completito y miras para atrás, el día que partiste de cero, casi da vértigo la de horas invertidas y el camino recorrido. Pero una vez que se entra en el meollo, o al menos así es mi caso, da muchas satisfacciones. Y eso que hablo desde mi experiencia, la de un blog super pequeñito y modesto. Imagina las blogstars que pueden vivir de lo que para mí es un hobbie.

La importancia del feedback

Es la esencia del blog. Dedicar tu tiempo (y ya sabéis que el tiempo es oro) a pensar un tema y redactarlo para ver como genera opinión e incluso debate, es la mayor de todas las satisfacciones, al menos para mí. Hacer pensar, que te hagan pensar. Intercambiar puntos de vista. El feedback conforma la riqueza de un blog. Tampoco debes olvidar que si a ti te gusta que te comenten, (¿a quién no?) debes comentar cada vez que visites un blog. Y no me refiero a comentar para promocionar tu blog, sino a dejar un aporte para comentar, aportar tu opinión o experiencia etc. ¿Sabéis la cantidad de blogs que visito al día? Decenas. Y no todos son de maternidad. Visito blogs de recetas, de decoración, de moda, de cine… ¿No sería bonito que por cada visita, recibieras un comentario? Sí, se que es imposible, pero la próxima vez que visitéis un blog, pensad que detrás de esas líneas hay un blogger que ha invertido parte de su tiempo en redactar ese post… ¿qué mejor manera de agradecérselo que dejándole un pensamiento?

Una fuente inagotable de todo tipo de conocimientos

En el breve tiempo que vengo viajando por la blogosfera, ésta me ha aportado infinidad de información. Internet es una base de datos inagotable, eso ya lo sabíamos, pero gracias a los blogs especializados, puedes aprender sobre cualquier cosa: una receta, una manualidad, el fascinante mundo del embarazo… Y todo explicado de tu a tu, con confianza y desde la perspectiva más personal. Y eso es lo que hace geniales a los blogs. Y todo gracias, otra vez, a los bloggers. He conocido a muchas personas en este periodo de tiempo, de las que he aprendido muchas cosas que de otra manera, me hubiera resultado imposible.

La sinceridad es la mejor baza

Es mi blog, basado sobre mis experiencias y mis opiniones ¿Serviría de algo que intentara maquillar la realidad? Por ese motivo los posts que publico suelen ir en consonancia con mi estado de ánimo. Y lo mismo digo al respecto de los comentarios. Se trata de dar la opinión personal, siempre desde el respeto y la “profesionalidad”. Y de igual manera agradezco enormemente la sinceridad (también desde el respeto, claro está) de todo aquel que me quiera aportar su opinión.

No es imprescindible, pero una pequeña inversión, hará de tu blog una plataforma más agradecida

No nos engañemos, un blog lo escribes para que te lean, de lo contrario, escribiría un diario secreto y lo guardaría bajo llave. Con mejores resultados me refiero a que es más agradecido de leer un blog que ha pensado en el diseño, los colores, la barra lateral o superior… todo para facilitar la tarea al lector. Yo en mi caso empecé con un diseño muy básico de andar por casa. Para llevarlo a cabo pensé ¿cómo son los blogs en los que más me gusta navegar? Y me refiero al acceso a los mismos y no a los contenidos. Casi todos tienen puntos en común: Un fondo blanco, un menú intuitivo, muchos dibujos o fotos… Así que pensé que lo ideal sería ofrecer a mis lectores lo que me gusta para mí. Por eso contacté con una profesional como Fina para las labores de personalización y voilá! (nota: a mi me sacó mucho mas guapa en la caricatura que en la vida real, lo cual se agradece)

Está bien mirar las estadísticas, pero es mejor no obsesionarse y dejar que las cosas fluyan

Hay herramientas como google analytics o blogger espacio que te permiten acceder a las analíticas del blog. Y está genial. Pero no hay que obsesionarse. Con esto quiero decir que si un día un post lo han leído menos personas, no hay que caer en la decepción. Si realmente pensáis que el post vale la pena, compartidlo más veces en RRSS, a otra hora, tal vez dentro de unos días o semanas. Y si aún así sigue con pocas visitas o feedback comparado con el resto de posts, pensad qué es lo que puede estar fallando (vosotras mismas podéis ser vuestro mejor analytics) si el texto es demasiado denso, tal vez no hay ninguna imagen que lo ilustre, es un tema que se aleja de la temática del blog (como esta misma entrada, por ejemplo)… Y tenedlo en cuenta para futuros posts, pero hasta ahí. Los lectores van llegando en gran parte gracias a…

…La importancia de las redes sociales.

Los contenidos son de suma importancia en un blog, no me malinterpretéis, pero si uno empieza un blog y jamás lo comparte, no recibirá visitas. Personalmente considero que la mejor red social, en cuanto a bloggers se refiere, es twitter. En él circula una gran cantidad de información y os puede parecer que todo ocurre muy rápido, pero el sistema de hashtags y menciones da mucho juego y puede poner en contacto a diferentes personas con un mismo interés, que de otra manera, tal vez no se hubieran cruzado ni remotamente.

Calidad por encima de cantidad

Y para muestra un botón. Esta semana, que hemos tenido serios problemas de despertares nocturnos, más mocos que no nos dejaban respirar, más primer diente… Vamos que no ha sido mi semana más productiva, bloggerilmente hablando. Pero prefiero estar “ausente” que no hacer un post-basura, sólo para cumplir con mi calendario de publicaciones. Esta entrada, por ejemplo, la tenía planeada para la semana pasada, pero he tenido que atender mis necesidades familiares y creo que todos hemos salido ganando: mi hija, que ha necesitado más cariños de mamá que de costumbre y mis seguidores, que a pesar de no tener el mismo número de entradas, valorarán que las pocas que haya puesto, sigan en mi línea.

¿Qué habéis aprendido vosotras desde que circuláis por la blogosfera?

Un pequeño descanso

Como algunas me habéis preguntado por mi ausencia estas semanas, siento que debo una explicación para todas aquellas personas que han entrado estos días en el blog y se han encontrado con que había desaparecido sin dejar rastro. No es fácil explicarme en 140 caracteres, ni tampoco lo es hacerlo en un post entero, porque ahí van mis sentimientos, algunas heridas y mis quebraderos de cabeza, que no son la tónica del blog (ni quiero que lo sean) No os voy a engañar, llevo una semana con este post en marcha y no encontraba la manera de poner voz a la maraña de ideas que últimamente han nublado mi sesera. Así que iré soltándolo así como me va viniendo.

Haciendo camino

Hay veces que la vida nos lleva por caminos que no hubiésemos sospechado jamás. Cuando una empieza a tener edad para saber lo que quiere en la vida y el camino que quiere seguir, se forma una imagen mental de lo que espera vaya a ser su futuro. Yo me imaginaba trabajando en algo que me apasionara, recogiendo a mis hijos del cole, viniendo a comer a casa con mi pareja (nunca he pensado en “marido”, en el sentido burocrático de la palabra) quitando la mesa entre todos, ayudando a los peques con los deberes, como siempre hacia mi mamá conmigo y pasando la tarde, entre menesteres del día a día de una familia: alguna actividad extraescolar, un paseo hasta el parque, un café con mis amigas (a ser posible en mi fantasía; con sus hijos también), volver a casa para cenar, no sin antes haber bañado a los peques, con sus respectivas canciones de bañera, como siempre hacía mi mamá conmigo, compartir la cena, sin nada de tele, escuchando música, para entrenar el gusto musical y después acostar a mis retoños para relajarme junto a mi pareja, planear algún viaje en familia de cara a las próximas vacaciones y acostarme con esa sensación de estar haciéndolo bien con las personas a quien más quiero…

Tampoco pido tanto

Como podéis ver, no eran grandes aspiraciones. Tal vez un poco idealizado pensaréis. Está bien, hubiera podido pasar sin bañar a los niños alguna vez y cenar de pizza en el sofá viendo la tele. Pero en el fondo me propuse objetivos factibles, que sabía que estaban a mi alcance y me hacía feliz sólo el mero hecho de pensar que algún día conseguiría alcanzarlos. Eran mi gasolina para mis días de estudio, mis madrugones, mis trabajos basura poco remunerados…

Pues bien, hoy en día no he alcanzado prácticamente ninguna de esas metas que en su día me propuse. Actualmente no tengo trabajo, no puedo comer con mi pareja ni pasar con él la tarde, porque trabaja más horas que un reloj. Paso los días con nuestra pequeña, que es mi ojito derecho y me da muchísimas alegrías pero también con mi abuela de 86 años quien tiene Alzhéimer, ha pasado a adoptar el rol de hija mía y a quien en su día le prometí que no la llevaría a una residencia (les tiene pavor) y así me ando. No voy a entrar a detallar la árdua tarea que supone convivir con una persona con esta enfermedad degenerativa, pero os diré una cosa: no contribuye a alcanzar los sueños de nadie.

Soy consciente de la situación laboral del país, y he estado llevando a cabo iniciativas para crear mi propio empleo soñado, pero no hago más que encontrar obstáculos. Como añadido tengo: vivir en un pueblo con escasos medios; pocos servicios sociales para atender a la abuela, pocos recursos económicos para poner a alguien que la cuide, mudarme a la ciudad o bien apuntar a la pequeña a un centro infantil mientras yo gano tiempo para moverme por mis sueños. Además de pocos recursos familiares, puesto que en mi familia somos pocos y cada uno aguanta su vela. Así que actualmente me veo atada de pies y manos. Y admito que a veces cuesta mucho intentar mantenerme en mi línea de buen humor e ideas creativas dada mi falta de sueño y mi entrega absoluta hacia dos personas totalmente dependientes.

Los problemas crecen

En mis fantasías juveniles jamás me aventuré a pensar que llevar una casa conllevara tanto esfuerzo, que invertiría casi tantas horas en el ciclo sin fin de la limpieza del hogar (que no el del rey león) como en jugar con mi tesoro. Que andaría con la laca de uñas desconchada, las piernas sin depilar y la mayoría de los objetivos sin cumplir. Que acabaría agotada y con los sueños hechos pedacitos y vueltos a pegar con super glue una y otra vez. A pocos años de la treintena y aún dando tumbos.

caminantenohaycamino2Mi vida nunca ha sido un lecho de rosas, pero siempre he encontrado la manera de sobreponerme, de sacudirme el polvo y levantarme de nuevo. Y en estas me ando, en un proceso de transición, en la búsqueda de mis sueños y de mi realización profesional. Porque aunque me cueste años, aunque me sigan surgiendo escollos, lo voy a seguir intentando.

De momento sigo en la búsqueda. Y una cosa sí es cierta: cada noche me acuesto con la sensación de estar haciéndolo bien con las personas que más quiero… aunque para ello mi actividad en la blogosfera se vea pospuesta hasta momentos más fértiles (creativamente hablando). Porque sigo de camino, intentando alcanzar mi meta.

Qué me decís vosotras ¿Habéis logrado los objetivos personales y/o profesionales que os habíais marcado? ¿Seguís intentándolo o habéis cambiado a otros planes más factibles?

Vas a ser mamá

Este día tenía que llegar. Tenía esta entrada en la recámara, dudando de ella por ser demasiado sentimentaloide. Lo he estado aplazando pero hasta aquí hemos llegado. Y de hoy no pasa. Hoy voy a hablaros de mi abuela.

Por esas cosas que tiene la vida, mi mamá nos dejó, después de una larga enfermedad, cuando yo tenía apenas 9 años. Y de ahí nos criaron a mi hermana y a mí, mi padre y mi abuela materna. Tengo muchos y buenos recuerdos de mi madre, pero éstos son desde la perspectiva de hija, y de la niñez. En cambio con mi abuela he empezado a empatizar y a comprender muchas cosas. Pero he tenido que convertirme en madre para poder hacerlo.

Mi abuela.

Mi abuela tuvo a mi madre a principios de los cincuenta, en su casa; en su cama. Ahora vuelven a estar a la orden del día los partos en casa, pero no es lo mismo. Antes no se tenía elección. En todo el embarazo sólo le hicieron una analítica de sangre… y para de contar. No había tests de embarazo, ni nociones de toxoplasmosis, ecógrafos, ropa premamá, Test de O’Sullivan, clases preparto, ni ejercicios de kegel, cosméticos antiestrías, ni Epidural…

Cuando mi abuela se quedó embarazada, se estilaba tejer a mano la ropita del bebé. Con lana tipo perlé. En colores neutros. Y se heredaban faldones. Sí, sí faldones largos, llenos de lazos y puntillas…Y nada de ¿y que va ser, niño o niña? Se solía preguntar más bien ¿Y que preferirías: niño o niña?
Nada de libros ni apps de Tu embarazo mes a mes. En aquel entonces sólo había boca a boca y creencias populares. De ahí las leyendas urbanas tipo si tienes acidez, va a ser peludo. Si tienes la barriga picuda va a ser niño.

ser madre

Cuando mi abuela presentó síntomas de ponerse de parto, una vecina le recomendó que se hiciera una infusión con unas hierbas (ahora no recuerdo cuáles) y que se sentara en una silla, sin ropa interior con la olla debajo y los vapores emanando hacia sus partes. Se supone que el objetivo de dicha pócima era dilatar más rápidamente. La pobre de mi abuela le hizo caso y, nunca sabremos si fue cosa del brebaje o no, pero tuvo un parto complicado, con un gran desgarro y mucha sangre. Eso sí, ella siempre lo achacó a ese consejo.

Cuando mi madre nació, la única comadrona que había en el pueblo, estaba atendiendo otro parto. Así que recibieron al bebé mi bisabuela y una tía. El padre de la criatura, mi abuelo, al margen, que eso no eran menesteres de hombre. Después se pasó el médico por casa, para coser el desgarro. ¡Y le dio los puntos encima de la mesa de la cocina! Ni perneras, ni autoclave. En la cocina. Con una olla de agua hirviendo y toallas limpias.

En los años cincuenta se daba teta. Y te tenía que ir bien. No había leche de fórmula. Aunque también había mamás que tenían problemas con la lactancia. Las alternativas eran :
a) Que otra mamá lactante se apiadara de tu bebé y le diera pecho también (así lo hizo mi otra abuela con un niño del pueblo, le daba pecho a mi padre y a ese bebé a la vez)
b) La leche de cabra, ya que era más económico tener una cabra en el patio de casa que no mantener una vaca. Aunque eso no todo el mundo se lo podía permitir en aquella época.
c) La leche condensada. Criar a un bebé con biberones de leche condensada diluida en agua.

Dar el pecho.

La abuela le dio pecho a mi madre hasta que vio que la pequeña tenía curiosidad por lo que ellos comían. Entonces, como por aquel entonces aún no eran comunes las papillas Nestlé, le empezó a hacer papillas de arroz. Con agua del mismo hervirlo y un poco de arroz machacado con un tenedor. Lo aprendió de su madre, quien también lo hacía con ella. Mi bisabuela no lo sabía, pero puede que fuera la inventora de las papillas sin gluten para bebés. Optó por este cereal, porque ya era sabido que la harina común (la de trigo), en bebés tan pequeños, no siempre era digestiva. Después combinó la alimentación complementaria con leche materna hasta que mi madre tuvo más de un año. Y nunca nadie le dijo: ¡tan grande y con teta!

Recientemente le pregunté a mi abuela que cuando pasó a mi madre a su propia habitación. ¡Cuando ella me lo pidió! fue la respuesta que me dio y da para mucha reflexión ¿No creéis?
Como veis, no había pediatras que defendieran a ultranza la crianza con apego, esta simplemente fluía. Por cierto, os recomiendo este post de mi paisana Y de repente somos tres. Donde ilustra muy bien la situación de los manuales de crianza versus el instinto.

Pero con lo que más empatizo respecto a mi abuela es con la sobreprotección. Tal vez fuera exagerada. Sí. Toda la vida le he reprochado su extrema precaución ¿A dónde vas? ¿Con quien vas? ¿A qué hora vas a volver? ¿Vendrás para la cena? ¿Sales así? Pero si va a llover. Tápate. Y sólo ahora entiendo ese instinto, que te sale de dentro para proteger a un hijo. Esa chispa que te hace despertar en medio de la noche y comprobar que todo esté bien.

La actualidad y el parto.

Recientemente he estado dándole muchas vueltas al tipo de maternidad que vivió mi abuela. Y a la que vivimos nosotras, las madres 2.0 hoy en día. Y he llegado a estas conclusiones:

Seguimos teniendo las mismas incertidumbres ante el parto, independientemente de los avances médicos y tecnológicos.
Seguimos teniendo las mismas preocupaciones: alimentación, educación y crianza de nuestros hijos.
Nos seguimos esforzando por dar lo mejor de nosotras a nuestros bebés. Amor incondicional y cariño infinito. Un beso de buenas noches a la hora de arropar, siempre ha sido igual, independientemente de la época en que nos encontremos.
Mantenemos el mismo instinto, nos dejamos llevar por nuestra intuición. Nunca pensé que yo sería capaz de diferenciar los llantos de un bebé. Pero, no se cómo, lo hago. Y si eso no es instinto ya me diréis qué es, porque esto no lo enseñan en la escuela de padres.

Mirando a mi hija dormir, por un momento he intentado visualizarla a ella, el día de mañana, explicándole a su nieta, tal cómo hizo mi abuela conmigo, que si todas las mujeres de la historia han podido parir, ¿Por qué tu no vas a poder, hija mía? Y es que la esencia de la maternidad, se mantiene intacta con el paso del tiempo.

cosas que no debes decir a una mamá reciente

Desde que soy madre que vengo escuchando una serie de insensateces que suelen repetirse con bastante frecuencia. Muchas de ellas son frases que sobran; que la otra persona la suelta, se queda más ancha que larga y yo me quedo ahí, atónita, sin saber muy bien que responder. O respondiendo alguna bordería. O pensando una burrada de dimensiones bíblicas, que finalmente opto por no decir… todo ello según me pillen.

Así que me he dispuesto a recopilar toda esa sarta de sandeces con el firme propósito de hacer un bien a la humanidad y evitar en la medida de lo posible disgustos a futuras madres y también porque mientras lo escribía me he quedado más agusto que un arbusto (con mis respuestas, algunas ficticias, otras verídicas incluidas)

1. Deberías darle pecho; es más sano. Gracias, no lo sabía.

2. Hija, no te compliques, los míos se criaron con biberón y mira que hermosos están. Claro, hoy mandaré mis ideales al traste sólo porque tú decidiste dar leche de fórmula y no porque YO lo haya meditado profundamente.

3. ¿Es cierto que no le piensas bautizar? ¿Es usted capaz de entender que NO TODO EL MUNDO comparte sus creencias señora? Mi hija ya se inclinará por una religión u otra cuando tenga capacidad de decisión.

4. Como no lleva pendientes, parece un niño. Esta es una frase estrella que me repiten día sí y día también. A día de hoy no he visto ni un sólo niño varón con un vestido rosa y un lazo del tamaño de una ciruela en la cabeza. A esta también le sigue: No sabes cuan equivocada estás, después no le harás ningún favor y ahora no les duele. A ver, como en el punto 3; no voy a decidir que tipo de religión o agujeros ornamentales va a llevar mi hija, ya lo decidirá ella. Y discrepo en lo del dolor. Creo que doler, duele siempre, solo que de bebés no lo dicen.

5. Traes mala cara, ¿que AÚN no te duerme toda la noche del tirón? Si, si que duerme; como un bendito, pero yo me fui de rave.

6. ¿Cada cuando come? ¿ya le toca? ¿A qué hora le toca? Trae el biberón que yo se lo doy. Seguramente si le diera el pecho, esto último no me lo preguntarías. Y le toca cuando ella lo pida.

7. Yo a los X días de parir ya limpiaba la casa, fui todo el día de rebajas, me hice media maratón, escalé el Everest… Pues yo estoy en cama, en pijama y tan ricamente oiga.

8. Pues mi hijo a los X meses ya (dormía, gateaba, andaba, se independizó de casa…) vaya, es superdotado, no ha salido a la madre.

9. Este bebé es muy grande/pequeño… ¿se lo has comentado al médico? Mi bebé es perfecto. El pediatra lo corrobora en todas y cada una de las consultas. Fin de la discusión.

10. ¿Este bebé no es muy pequeño para salir a cenar por ahí aún? Evidentemente que si estoy aquí, YO he considerado que no.

11. Deberías salir CADA TARDE a pasear, le es muy beneficioso. Los días que caen chuzos también, así aprende natación sincronizada o se marca un singing in the rain.

12. Vengo a buscar al bebé para llevármelo de paseo. Tú descansa. No perdona, mi bebé de 20 días se queda a mi vera y YO decidiré cuándo salimos LOS DOS JUNTOS y si quiero que me acompañes

13. ¿Ya te has quitado todos los kilos extra del embarazo? Sí, pero adoro seguir llevando el pantalón-faja premamá. Así soy yo, reinventando la moda…

14. ¿Te quejas ahora? ¡pues… espera que crezca! Gracias por los ánimos, amiga, de verdad.

Y cómo olvidar mi preferida:
15. ¿Para cuándo el hermanito? Sí, justo lo que estaba pensando ahora mientras me tiraban los puntos mientras estaba orinando.

Madres del mundo, ¡Uníos! Gritemos a los cuatro vientos lo que estamos hartas de tener que escuchar. Estos (de momento) son mis greatest hits de preguntas toca c***** ¿Os sentís identificadas?¿Cuál añadiríais?

Manifiesto por/contra el pediatra

Después de una semanus horribilus, con dientes, catarro de todos y cada uno de los miembros de la unidad familiar, despertares nocturnos, montañas de ropa que lavar, planchar, doblar y sueño, mucho sueño, vuelvo con un tema un tanto polémico. La cuestión, que da título al post, hace tiempo que me viene rondando por la cabeza. Al principio se encendió en mí la duda, como una mini lucecita led, a la que no hacía demasiado caso. Pero con el tiempo, esta pregunta ha ido creciendo y tomando más fuerza. ¿Se entrometen demasiado los pediatras en cuestiones que van más allá de la salud de nuestros hijos?

Mi hija ya entra en consulta con el ceño fruncido.

No perdona esto de ser pinchada de buenas a primeras.

Visita al pediatra

Os pondré en precedentes. Para que estas palabras no parezcan las de una madre que habla desde el resentimiento, he de decir que estoy encantada con la pediatra de mi hija. Es muy dulce y cariñosa, atiende a todas mis preguntas y en un par de ocasiones, para curarnos en salud, le ha mandado a mi hija pruebas complementarias para descartar posibles problemáticas. Como aquella vez que le hizo un volante para una ecografía de la cadera y así descartar una posible displasia. Cosa que, aunque en un principio me alarmó tremendamente, me dejó más tranquila una vez descartado el problema.

Al principio, sobretodo los primeros meses, como buena madre histérica primeriza, le preguntaba cualquier cosa sobre la que tuviera la menor y más remota duda, para asegurarme. El día que nos tocaba consulta, repasaba mentalmente en la sala de espera mi retahíla de cuestiones, que abarcaban temáticas tan variopintas como ¿Es normal que regurgite tanto? ¿Hasta cuando le tengo que hacer las curas del cordón? ¿Hasta cuando tiene que dormir de lado? ¿Es normal que se le caiga tanto el pelo? ¿Qué son estos granitos?… Lo que fuera, ahí estaba yo, sin filtros, para preguntárselo. Y ella, muy amablemente me respondía.

pediatra de confianza

Con el paso de los meses, me relajé. Vi que esto de la maternidad no se me daba del todo mal. Aprendí a dejarme llevar por el sentido común y a tomar mis propias decisiones. Y dejé de preguntarle a la pediatra sobre temas domésticos para centrarme más en temas relacionados con la salud, las vacunas, la tos, las dosis de apiretal… etc

Y entonces, un día sin que yo se lo preguntara, mi pediatra, desde su perspectiva en lo que a ella le parecía que era la mejor manera de proceder, me empezó a aconsejar sobre temas diversos sin ser cuestionada.

Consejos de pediatra no requeridos

Los cereales se los das por la noche con cuchara. Nada de biberón.
Pero y si mi hija, quien nunca hizo buenas migas con la cuchara, se niega, entonces ¿qué hago?

Le empiezas a dar una papilla con 1 plátano, media pera y media manzana.
¿No se llegará a cansar? Cada día las mismas frutas, el mismo sabor. A mí no me gustaría comer cada día lo mismo.

Le deberías quitar ya la toma nocturna. No le ofrezcas el biberón, le das sólo chupete
(Aquí ni osé mencionar palabra)

Ay, no le des esa leche de fórmula. Dale X, H o Y… ¡Pero no esa! Causa estreñimiento…
Pero esas leches que tu me recomiendas me cuesta conseguirlas tanto o más que la leche de unicornio. No la tienen en mi pueblo y tengo que encargarla. A veces, por falta de planificación (vivo al límite) tengo que ir corriendo a pueblos vecinos en búsqueda de la farmacia de turno, y no siempre la encuentro. Así que cometí el improperio de pasarme a una marca fácil de conseguir, es la segunda mejor según la OCU y la tengo en el super de confianza… Y no, mi hija no va estreñida. Para nada. Creedme.

Y no voy a mentir. Lo intenté. El primer día. Los cereales, empiezo a dárselos espesos, con cuchara (a día de hoy aún lo hago) pero a media cena, le da sueño, se cansa, le pican los ojos. Y yo la saco de la trona, le hago un poco más de leche y le añado los cereales. Y se los termina tan ricamente, tumbadita y relajada.

Algunas cosas que si hice

El bibe nocturno, sí, lo intenté suprimir, pero como ya sabréis por anteriores posts, con los problemas de despertares nocturnos, muchas noches he sucumbido al poder adormecedor del biberón para tener la osadía de dormir un par de horitas más.

La fruta, la voy modificando según veo. Algunos días le doy plátanoperamanzana, como me prescribió la pediatra (y digo prescribió, porque ¡me lo anotó en una receta!) otros plátano y melón, otros naranja, ciruela y pera… ¡Incluso he cometido el delito de introducirle 2 galletitas de bebé sin gluten algunos días! Y además, otros tantos días le doy fruta entera ¡ale, lo admito! ¡Y verdura! Y arroz…

¿Qué pensaría mi pediatra sobre esto?

Leí hace poco en el blog de Amalia Arce este interesante post sobre madres que mentían a su pediatra y me dio mucho en qué pensar. Porque no creo que ninguna madre le mienta al pediatra con maldad. Simplemente, creo que lo hacen para no sentirse cuestionadas, para que no invadan su intimidad, para que no intenten modificar sus procedimientos; que si han optado por hacerlos, será por algo, para que no les den alguna reprimenda… Y no, yo no he mentido a mi pediatra… pero le he ocultado la verdad. Le oculto el bibe nocturno, mis variaciones en las recetas de papilla de frutas, mis cereales en biberón… Porque no quiero que me cuestione. No quiero que me vuelva a soltar que le tengo que quitar el biberón nocturno, porque entonces le diré ¡quiero dormir! y ay amigas, ahí me ha pillado porque me podría decir que priman los hábitos de mi hija por encima de mis necesidades fisiológicas. Y eso no lo quiero escuchar. Me haría sentir mala madre. Y se que no lo soy. Que actúo de manera responsable. Simplemente, he empezado a pensar por mí misma.

En mi favor he de decir que sólo le miento en cosas prácticas y de cariz más personal. Que no tengan implicaciones más allá de temas de salud. Porque no se vosotras, pero mi médico de cabecera no me dice qué leche tomar (no sin que yo no se lo pida, vaya) ni de qué sabor me tengo que tomar mi merienda. Uso el sentido común a la hora de tomar un rumbo diferente de las recomendaciones de mi pediatra. Pero creo que es necesario que distinga cuando mi pediatra me habla desde su postura de médico o desde su postura de mamá que da consejos a otra mamá. Y como bien sabemos, todas las madres somos diferentes y no escuchamos todos los consejos que nos dan otras madres. A veces es necesario aplicar el sentido común. Mi sentido común. Y éste me dice que estoy actuando correctamente. Tal vez para la próxima, si sale el tema, confiese. A fin de cuentas, somos un equipo cuyo objetivo es criar a un bebé sano y feliz. Y estamos cumpliendo.

Y vosotras ¿Creéis a pies juntillas las recomendaciones de vuestro pediatra? ¿El aval de un médico es suficiente para acatar cualquier consejo que nos proporcionen? ¿O prima el instinto maternal por encima de todo?