Manifiesto por/contra el pediatra

Después de una semanus horribilus, con dientes, catarro de todos y cada uno de los miembros de la unidad familiar, despertares nocturnos, montañas de ropa que lavar, planchar, doblar y sueño, mucho sueño, vuelvo con un tema un tanto polémico. La cuestión, que da título al post, hace tiempo que me viene rondando por la cabeza. Al principio se encendió en mí la duda, como una mini lucecita led, a la que no hacía demasiado caso. Pero con el tiempo, esta pregunta ha ido creciendo y tomando más fuerza. ¿Se entrometen demasiado los pediatras en cuestiones que van más allá de la salud de nuestros hijos?

Mi hija ya entra en consulta con el ceño fruncido.

No perdona esto de ser pinchada de buenas a primeras.

Visita al pediatra

Os pondré en precedentes. Para que estas palabras no parezcan las de una madre que habla desde el resentimiento, he de decir que estoy encantada con la pediatra de mi hija. Es muy dulce y cariñosa, atiende a todas mis preguntas y en un par de ocasiones, para curarnos en salud, le ha mandado a mi hija pruebas complementarias para descartar posibles problemáticas. Como aquella vez que le hizo un volante para una ecografía de la cadera y así descartar una posible displasia. Cosa que, aunque en un principio me alarmó tremendamente, me dejó más tranquila una vez descartado el problema.

Al principio, sobretodo los primeros meses, como buena madre histérica primeriza, le preguntaba cualquier cosa sobre la que tuviera la menor y más remota duda, para asegurarme. El día que nos tocaba consulta, repasaba mentalmente en la sala de espera mi retahíla de cuestiones, que abarcaban temáticas tan variopintas como ¿Es normal que regurgite tanto? ¿Hasta cuando le tengo que hacer las curas del cordón? ¿Hasta cuando tiene que dormir de lado? ¿Es normal que se le caiga tanto el pelo? ¿Qué son estos granitos?… Lo que fuera, ahí estaba yo, sin filtros, para preguntárselo. Y ella, muy amablemente me respondía.

pediatra de confianza

Con el paso de los meses, me relajé. Vi que esto de la maternidad no se me daba del todo mal. Aprendí a dejarme llevar por el sentido común y a tomar mis propias decisiones. Y dejé de preguntarle a la pediatra sobre temas domésticos para centrarme más en temas relacionados con la salud, las vacunas, la tos, las dosis de apiretal… etc

Y entonces, un día sin que yo se lo preguntara, mi pediatra, desde su perspectiva en lo que a ella le parecía que era la mejor manera de proceder, me empezó a aconsejar sobre temas diversos sin ser cuestionada.

Consejos de pediatra no requeridos

Los cereales se los das por la noche con cuchara. Nada de biberón.
Pero y si mi hija, quien nunca hizo buenas migas con la cuchara, se niega, entonces ¿qué hago?

Le empiezas a dar una papilla con 1 plátano, media pera y media manzana.
¿No se llegará a cansar? Cada día las mismas frutas, el mismo sabor. A mí no me gustaría comer cada día lo mismo.

Le deberías quitar ya la toma nocturna. No le ofrezcas el biberón, le das sólo chupete
(Aquí ni osé mencionar palabra)

Ay, no le des esa leche de fórmula. Dale X, H o Y… ¡Pero no esa! Causa estreñimiento…
Pero esas leches que tu me recomiendas me cuesta conseguirlas tanto o más que la leche de unicornio. No la tienen en mi pueblo y tengo que encargarla. A veces, por falta de planificación (vivo al límite) tengo que ir corriendo a pueblos vecinos en búsqueda de la farmacia de turno, y no siempre la encuentro. Así que cometí el improperio de pasarme a una marca fácil de conseguir, es la segunda mejor según la OCU y la tengo en el super de confianza… Y no, mi hija no va estreñida. Para nada. Creedme.

Y no voy a mentir. Lo intenté. El primer día. Los cereales, empiezo a dárselos espesos, con cuchara (a día de hoy aún lo hago) pero a media cena, le da sueño, se cansa, le pican los ojos. Y yo la saco de la trona, le hago un poco más de leche y le añado los cereales. Y se los termina tan ricamente, tumbadita y relajada.

Algunas cosas que si hice

El bibe nocturno, sí, lo intenté suprimir, pero como ya sabréis por anteriores posts, con los problemas de despertares nocturnos, muchas noches he sucumbido al poder adormecedor del biberón para tener la osadía de dormir un par de horitas más.

La fruta, la voy modificando según veo. Algunos días le doy plátanoperamanzana, como me prescribió la pediatra (y digo prescribió, porque ¡me lo anotó en una receta!) otros plátano y melón, otros naranja, ciruela y pera… ¡Incluso he cometido el delito de introducirle 2 galletitas de bebé sin gluten algunos días! Y además, otros tantos días le doy fruta entera ¡ale, lo admito! ¡Y verdura! Y arroz…

¿Qué pensaría mi pediatra sobre esto?

Leí hace poco en el blog de Amalia Arce este interesante post sobre madres que mentían a su pediatra y me dio mucho en qué pensar. Porque no creo que ninguna madre le mienta al pediatra con maldad. Simplemente, creo que lo hacen para no sentirse cuestionadas, para que no invadan su intimidad, para que no intenten modificar sus procedimientos; que si han optado por hacerlos, será por algo, para que no les den alguna reprimenda… Y no, yo no he mentido a mi pediatra… pero le he ocultado la verdad. Le oculto el bibe nocturno, mis variaciones en las recetas de papilla de frutas, mis cereales en biberón… Porque no quiero que me cuestione. No quiero que me vuelva a soltar que le tengo que quitar el biberón nocturno, porque entonces le diré ¡quiero dormir! y ay amigas, ahí me ha pillado porque me podría decir que priman los hábitos de mi hija por encima de mis necesidades fisiológicas. Y eso no lo quiero escuchar. Me haría sentir mala madre. Y se que no lo soy. Que actúo de manera responsable. Simplemente, he empezado a pensar por mí misma.

En mi favor he de decir que sólo le miento en cosas prácticas y de cariz más personal. Que no tengan implicaciones más allá de temas de salud. Porque no se vosotras, pero mi médico de cabecera no me dice qué leche tomar (no sin que yo no se lo pida, vaya) ni de qué sabor me tengo que tomar mi merienda. Uso el sentido común a la hora de tomar un rumbo diferente de las recomendaciones de mi pediatra. Pero creo que es necesario que distinga cuando mi pediatra me habla desde su postura de médico o desde su postura de mamá que da consejos a otra mamá. Y como bien sabemos, todas las madres somos diferentes y no escuchamos todos los consejos que nos dan otras madres. A veces es necesario aplicar el sentido común. Mi sentido común. Y éste me dice que estoy actuando correctamente. Tal vez para la próxima, si sale el tema, confiese. A fin de cuentas, somos un equipo cuyo objetivo es criar a un bebé sano y feliz. Y estamos cumpliendo.

Y vosotras ¿Creéis a pies juntillas las recomendaciones de vuestro pediatra? ¿El aval de un médico es suficiente para acatar cualquier consejo que nos proporcionen? ¿O prima el instinto maternal por encima de todo?

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