Un pequeño descanso

Como algunas me habéis preguntado por mi ausencia estas semanas, siento que debo una explicación para todas aquellas personas que han entrado estos días en el blog y se han encontrado con que había desaparecido sin dejar rastro. No es fácil explicarme en 140 caracteres, ni tampoco lo es hacerlo en un post entero, porque ahí van mis sentimientos, algunas heridas y mis quebraderos de cabeza, que no son la tónica del blog (ni quiero que lo sean) No os voy a engañar, llevo una semana con este post en marcha y no encontraba la manera de poner voz a la maraña de ideas que últimamente han nublado mi sesera. Así que iré soltándolo así como me va viniendo.

Haciendo camino

Hay veces que la vida nos lleva por caminos que no hubiésemos sospechado jamás. Cuando una empieza a tener edad para saber lo que quiere en la vida y el camino que quiere seguir, se forma una imagen mental de lo que espera vaya a ser su futuro. Yo me imaginaba trabajando en algo que me apasionara, recogiendo a mis hijos del cole, viniendo a comer a casa con mi pareja (nunca he pensado en “marido”, en el sentido burocrático de la palabra) quitando la mesa entre todos, ayudando a los peques con los deberes, como siempre hacia mi mamá conmigo y pasando la tarde, entre menesteres del día a día de una familia: alguna actividad extraescolar, un paseo hasta el parque, un café con mis amigas (a ser posible en mi fantasía; con sus hijos también), volver a casa para cenar, no sin antes haber bañado a los peques, con sus respectivas canciones de bañera, como siempre hacía mi mamá conmigo, compartir la cena, sin nada de tele, escuchando música, para entrenar el gusto musical y después acostar a mis retoños para relajarme junto a mi pareja, planear algún viaje en familia de cara a las próximas vacaciones y acostarme con esa sensación de estar haciéndolo bien con las personas a quien más quiero…

Tampoco pido tanto

Como podéis ver, no eran grandes aspiraciones. Tal vez un poco idealizado pensaréis. Está bien, hubiera podido pasar sin bañar a los niños alguna vez y cenar de pizza en el sofá viendo la tele. Pero en el fondo me propuse objetivos factibles, que sabía que estaban a mi alcance y me hacía feliz sólo el mero hecho de pensar que algún día conseguiría alcanzarlos. Eran mi gasolina para mis días de estudio, mis madrugones, mis trabajos basura poco remunerados…

Pues bien, hoy en día no he alcanzado prácticamente ninguna de esas metas que en su día me propuse. Actualmente no tengo trabajo, no puedo comer con mi pareja ni pasar con él la tarde, porque trabaja más horas que un reloj. Paso los días con nuestra pequeña, que es mi ojito derecho y me da muchísimas alegrías pero también con mi abuela de 86 años quien tiene Alzhéimer, ha pasado a adoptar el rol de hija mía y a quien en su día le prometí que no la llevaría a una residencia (les tiene pavor) y así me ando. No voy a entrar a detallar la árdua tarea que supone convivir con una persona con esta enfermedad degenerativa, pero os diré una cosa: no contribuye a alcanzar los sueños de nadie.

Soy consciente de la situación laboral del país, y he estado llevando a cabo iniciativas para crear mi propio empleo soñado, pero no hago más que encontrar obstáculos. Como añadido tengo: vivir en un pueblo con escasos medios; pocos servicios sociales para atender a la abuela, pocos recursos económicos para poner a alguien que la cuide, mudarme a la ciudad o bien apuntar a la pequeña a un centro infantil mientras yo gano tiempo para moverme por mis sueños. Además de pocos recursos familiares, puesto que en mi familia somos pocos y cada uno aguanta su vela. Así que actualmente me veo atada de pies y manos. Y admito que a veces cuesta mucho intentar mantenerme en mi línea de buen humor e ideas creativas dada mi falta de sueño y mi entrega absoluta hacia dos personas totalmente dependientes.

Los problemas crecen

En mis fantasías juveniles jamás me aventuré a pensar que llevar una casa conllevara tanto esfuerzo, que invertiría casi tantas horas en el ciclo sin fin de la limpieza del hogar (que no el del rey león) como en jugar con mi tesoro. Que andaría con la laca de uñas desconchada, las piernas sin depilar y la mayoría de los objetivos sin cumplir. Que acabaría agotada y con los sueños hechos pedacitos y vueltos a pegar con super glue una y otra vez. A pocos años de la treintena y aún dando tumbos.

caminantenohaycamino2Mi vida nunca ha sido un lecho de rosas, pero siempre he encontrado la manera de sobreponerme, de sacudirme el polvo y levantarme de nuevo. Y en estas me ando, en un proceso de transición, en la búsqueda de mis sueños y de mi realización profesional. Porque aunque me cueste años, aunque me sigan surgiendo escollos, lo voy a seguir intentando.

De momento sigo en la búsqueda. Y una cosa sí es cierta: cada noche me acuesto con la sensación de estar haciéndolo bien con las personas que más quiero… aunque para ello mi actividad en la blogosfera se vea pospuesta hasta momentos más fértiles (creativamente hablando). Porque sigo de camino, intentando alcanzar mi meta.

Qué me decís vosotras ¿Habéis logrado los objetivos personales y/o profesionales que os habíais marcado? ¿Seguís intentándolo o habéis cambiado a otros planes más factibles?

manualidades para recien nacidos

Hace tiempo que vengo queriendo montarle una cesta de los tesoros a la peque. El momento ideal para presentar esta actividad se da una vez que se aguantan sentados sin ayuda pero antes del gateo, cuando sus prioridades ya pasan a ser el desplazamiento. Hoy os cuento cómo organizar y ofrecer esta actividad que, personalmente, considero uno de los básicos para bebés.

Para todas aquellas mamás (y papás) que no hayáis tenido el placer de haber oído hablar anteriormente de la cesta de los tesoros, a primera vista os parecerá una simple cesta llena de un batiburrillo de cachivaches. Y lo es. Creo que de ahí radica su magia. Para el bebé es un mundo de tesoros por descubrir. Para el adulto es un juego económico, fácil de conseguir, fácil de limpiar, fácil de desechar o reutilizar… ¡Todo son ventajas!

cesta-de-tesorosPara fundamentar un poco mi teoría e intentar convenceros de que montéis una cesta de los tesoros para vuestros churumbeles, os diré que en su día fue idea de la pedagoga inglesa Elinor Goldschmied, quien maquinó esta actividad con el fin de desarrollar los sentidos de los más pequeños a través del juego manipulativo. Que no es que sea cosa mía ponerle para jugar cuatro cacharros en un cesto, que está la cosa más que estudiada.

Materiales para la manualidad

Como podéis ver, en su interior he puesto materiales de madera, cristal, metal, cartón, tela, una concha, un cepillo, un colador, un embudo… En definitiva, objetos que no sean de plástico (el material típico del que están hechos casi todos los juguetes de hoy en día) La cuestión es ofrecerle al bebé experiencias sensoriales diferentes en base a las diferencias de forma, color, tamaño, temperatura, peso, olor… de cada objeto.

Y ahora viene cuando os explico el porqué de mi devoción por esta actividad, que supone un sin fin de ventajas, desde mi punto de vista.

Para empezar, dejamos al bebé autonomía de elección. Así pues, si le dejamos sentado junto a la cesta, él mismo podrá seleccionar el material que más le llame la atención en cada momento. Lo puede manipular con los cinco sentidos, con las manos y con la boca, seguramente lo golpee contra el suelo, observando las reacciones que produce, consiguiendo así la satisfacción de su curiosidad innata. Además, en nuestro caso, contribuye a la consolidación del gateo, puesto que los objetos se van desperdigando por el salón y ella se las ingenia para alcanzarlos, teniendo que poner en práctica nuevas habilidades motoras, hasta ahora desconocidas, como por ejemplo el equilibrio o bien conocer los propios límites, cuando ella misma para, porque ve que se puede caer y busca un camino alternativo.

Cómo actuar en el juego

Con este juego se obtiene independencia del adulto, éste le ofrece seguridad, pero desde una distancia prudencial. Yo me sitúo a metro y medio o 2 metros de ella y la observo en silencio. Ella va haciendo, pero de vez en cuando me mira, y la reconforta saber que sigo ahí. Es importante no perderle de vista, pero no intervenir, evitando por ejemplo animarle a que coja un objeto que nunca coge. Tal vez no lo coja porque llame poco su atención, le sea más difícil levantar o simplemente su textura no sea de su agrado.

La cesta de los tesoros se ofrece un ratito cada día, hasta que el bebé se canse y empiece a mirar hacia otros lados. No tiene sentido ofrecerla en demasía, ni tampoco una vez que el bebé ya se desplace con soltura por el espacio, puesto que se habrá perdido la finalidad inicial. Es genial para compartir con más niños que se encuentren en el mismo momento evolutivo, de hecho es una actividad habitual en las aulas de bebés de las escuelas infantiles.

Es muy importante que nos cercionemos que el material es seguro, que no se rompa o contenga piezas pequeñas ya que existe riesgo de atragantamiento. También es recomendable lavar los objetos cada pocos días (puesto que se llenan de babas, acaban rodando por el suelo…) y revisarlos para comprobar que sigan en perfectas condiciones. Si durante los meses que ofrecéis la cesta del tesoro a vuestro bebé vais encontrando nuevos objetos que pensáis pudieran ser de su agrado, podéis ir sacando unos y añadiendo otros, en función de sus preferencias o del material que tengáis disponible.

Mejora de resultados

Para mejores resultados y con tal de favorecer la concentración, recomiendo retirar otros objetos y juguetes que puedan distraerle o estar a su alcance.

Y hasta aquí el post de hoy. Nosotras estamos encantadas con esta nueva actividad. A día de hoy, su objeto predilecto es la flanera de metal y el que menos le motiva es el cepillo de cerdas verdes. La peque disfruta como una loca, con tantos objetos todos, toditos para ella y yo de verla aprender cosas nuevas cada día, curioseando aquí, chupeteando allá… ¡Os la recomiendo encarecidamente!

Vas a ser mamá

Este día tenía que llegar. Tenía esta entrada en la recámara, dudando de ella por ser demasiado sentimentaloide. Lo he estado aplazando pero hasta aquí hemos llegado. Y de hoy no pasa. Hoy voy a hablaros de mi abuela.

Por esas cosas que tiene la vida, mi mamá nos dejó, después de una larga enfermedad, cuando yo tenía apenas 9 años. Y de ahí nos criaron a mi hermana y a mí, mi padre y mi abuela materna. Tengo muchos y buenos recuerdos de mi madre, pero éstos son desde la perspectiva de hija, y de la niñez. En cambio con mi abuela he empezado a empatizar y a comprender muchas cosas. Pero he tenido que convertirme en madre para poder hacerlo.

Mi abuela.

Mi abuela tuvo a mi madre a principios de los cincuenta, en su casa; en su cama. Ahora vuelven a estar a la orden del día los partos en casa, pero no es lo mismo. Antes no se tenía elección. En todo el embarazo sólo le hicieron una analítica de sangre… y para de contar. No había tests de embarazo, ni nociones de toxoplasmosis, ecógrafos, ropa premamá, Test de O’Sullivan, clases preparto, ni ejercicios de kegel, cosméticos antiestrías, ni Epidural…

Cuando mi abuela se quedó embarazada, se estilaba tejer a mano la ropita del bebé. Con lana tipo perlé. En colores neutros. Y se heredaban faldones. Sí, sí faldones largos, llenos de lazos y puntillas…Y nada de ¿y que va ser, niño o niña? Se solía preguntar más bien ¿Y que preferirías: niño o niña?
Nada de libros ni apps de Tu embarazo mes a mes. En aquel entonces sólo había boca a boca y creencias populares. De ahí las leyendas urbanas tipo si tienes acidez, va a ser peludo. Si tienes la barriga picuda va a ser niño.

ser madre

Cuando mi abuela presentó síntomas de ponerse de parto, una vecina le recomendó que se hiciera una infusión con unas hierbas (ahora no recuerdo cuáles) y que se sentara en una silla, sin ropa interior con la olla debajo y los vapores emanando hacia sus partes. Se supone que el objetivo de dicha pócima era dilatar más rápidamente. La pobre de mi abuela le hizo caso y, nunca sabremos si fue cosa del brebaje o no, pero tuvo un parto complicado, con un gran desgarro y mucha sangre. Eso sí, ella siempre lo achacó a ese consejo.

Cuando mi madre nació, la única comadrona que había en el pueblo, estaba atendiendo otro parto. Así que recibieron al bebé mi bisabuela y una tía. El padre de la criatura, mi abuelo, al margen, que eso no eran menesteres de hombre. Después se pasó el médico por casa, para coser el desgarro. ¡Y le dio los puntos encima de la mesa de la cocina! Ni perneras, ni autoclave. En la cocina. Con una olla de agua hirviendo y toallas limpias.

En los años cincuenta se daba teta. Y te tenía que ir bien. No había leche de fórmula. Aunque también había mamás que tenían problemas con la lactancia. Las alternativas eran :
a) Que otra mamá lactante se apiadara de tu bebé y le diera pecho también (así lo hizo mi otra abuela con un niño del pueblo, le daba pecho a mi padre y a ese bebé a la vez)
b) La leche de cabra, ya que era más económico tener una cabra en el patio de casa que no mantener una vaca. Aunque eso no todo el mundo se lo podía permitir en aquella época.
c) La leche condensada. Criar a un bebé con biberones de leche condensada diluida en agua.

Dar el pecho.

La abuela le dio pecho a mi madre hasta que vio que la pequeña tenía curiosidad por lo que ellos comían. Entonces, como por aquel entonces aún no eran comunes las papillas Nestlé, le empezó a hacer papillas de arroz. Con agua del mismo hervirlo y un poco de arroz machacado con un tenedor. Lo aprendió de su madre, quien también lo hacía con ella. Mi bisabuela no lo sabía, pero puede que fuera la inventora de las papillas sin gluten para bebés. Optó por este cereal, porque ya era sabido que la harina común (la de trigo), en bebés tan pequeños, no siempre era digestiva. Después combinó la alimentación complementaria con leche materna hasta que mi madre tuvo más de un año. Y nunca nadie le dijo: ¡tan grande y con teta!

Recientemente le pregunté a mi abuela que cuando pasó a mi madre a su propia habitación. ¡Cuando ella me lo pidió! fue la respuesta que me dio y da para mucha reflexión ¿No creéis?
Como veis, no había pediatras que defendieran a ultranza la crianza con apego, esta simplemente fluía. Por cierto, os recomiendo este post de mi paisana Y de repente somos tres. Donde ilustra muy bien la situación de los manuales de crianza versus el instinto.

Pero con lo que más empatizo respecto a mi abuela es con la sobreprotección. Tal vez fuera exagerada. Sí. Toda la vida le he reprochado su extrema precaución ¿A dónde vas? ¿Con quien vas? ¿A qué hora vas a volver? ¿Vendrás para la cena? ¿Sales así? Pero si va a llover. Tápate. Y sólo ahora entiendo ese instinto, que te sale de dentro para proteger a un hijo. Esa chispa que te hace despertar en medio de la noche y comprobar que todo esté bien.

La actualidad y el parto.

Recientemente he estado dándole muchas vueltas al tipo de maternidad que vivió mi abuela. Y a la que vivimos nosotras, las madres 2.0 hoy en día. Y he llegado a estas conclusiones:

Seguimos teniendo las mismas incertidumbres ante el parto, independientemente de los avances médicos y tecnológicos.
Seguimos teniendo las mismas preocupaciones: alimentación, educación y crianza de nuestros hijos.
Nos seguimos esforzando por dar lo mejor de nosotras a nuestros bebés. Amor incondicional y cariño infinito. Un beso de buenas noches a la hora de arropar, siempre ha sido igual, independientemente de la época en que nos encontremos.
Mantenemos el mismo instinto, nos dejamos llevar por nuestra intuición. Nunca pensé que yo sería capaz de diferenciar los llantos de un bebé. Pero, no se cómo, lo hago. Y si eso no es instinto ya me diréis qué es, porque esto no lo enseñan en la escuela de padres.

Mirando a mi hija dormir, por un momento he intentado visualizarla a ella, el día de mañana, explicándole a su nieta, tal cómo hizo mi abuela conmigo, que si todas las mujeres de la historia han podido parir, ¿Por qué tu no vas a poder, hija mía? Y es que la esencia de la maternidad, se mantiene intacta con el paso del tiempo.

snack helado de granola y yogur con miel

En este país hay una serie de alimentos a los que no estamos del todo acostumbrados y, en cambio, en otros países son todo un clásico. Me estoy refiriendo al muesli. Sí, todos sabemos lo que es y sí, todos lo hemos comido, pero yo percibo que el éxito de este alimento no termina de cuajar.

Helado apto para bebés

En cambio en otros países, dentro y fuera de la unión europea, ya han alcanzado otros niveles de preparar este desayuno, llegando más allá del bol con leche y copos de avena. Incluso se refieren a la mezcla de muesli con miel o frutos secos por el nombre de granola. ¡E incluso han inventado mil maneras de comerlo! Sinceramente, ¿a cuantos de aquí os suena haber visto este nombre en el súper? Tal vez sea un problema insular, pero aquí me tuve que enterar de su existencia gracias a mis frecuentes visitas a blogs extranjeros.

Mi pareja siempre me ha dicho que tengo “gustos de guiri” y ello se debe a que me crié en zona turística, con un montón de souvenirs, mini markets y restaurantes que adaptaban sus productos y platos con frecuencia a los gustos de sus comensales, mayoritariamente alemanes.

Y ahora viene la anécdota: solemos frecuentar una heladería de la zona, donde elaboran artesanalmente sus propios helados y mi preferido sin lugar a dudas era uno de muesli, con yogur helado y miel. Decorando la cubeta había un letrero con una enorme abeja que decía “Fiore”. Y yo, siempre que íbamos me pedía “dos bolas de helado de abeja, por favor” y me lo comía con un gusto supremo, ante la mirada de él, que por lo bajini decía “gustos de guiri”. Un buen día volvimos, y no tenían mi delicioso helado de abeja. Pensé que habrían agotado existencias y me pedí otro sabor. Y a la siguiente vez, ¡Seguí sin ver a mi querida Fiore” Aquí ya pregunté con indignación a la chica, que me respondió muy condescendientemente:

Es un helado que gusta muy poco, se vendía muy mal. Bueno, de hecho lo seguimos fabricando, pero sólo para el buffet de un hotel que nos lo tiene encargado. ¿Quieres que te encargue una cubeta?

Helada me quedé y no de comer helado precisamente. El padre de mi hija aún se ríe de mi cuando pego la nariz al mostrador de los helados y noto la ausencia de la abeja. He tenido que resignarme a aceptar que tal vez sea cierto, tengo gustos que van más allá de nuestras fronteras.

Y cómo soy golosa, pero mi sentido común mi mini congelador me impide hacerme con una cubeta de chiquicientos litros de helado, me decidí a prepararme yo misma una versión de mi helado de abeja, en forma de mini raciones, snacks, cuya idea saqué de aquí.

Éste es el resultado:

helado de granola para bebesfrozen granola snack

Llamadme guiri todo lo que queráis, pero está de vicio. Y no hace falta que diga que es sano ¿no?

Ahí va el making of:

Los ingredientes que he utilizado:

Yogur griego (que previamente he mezclado con 2 cucharadas de miel :P)
Copos de avena
Mix de frutos secos (ya venden bolsitas hechas)

Paso a paso:

1. He incorporado la avena con un poco de la mezcla de yogur y miel, creando así una masa compacta. Después lo he distribuido en los huecos de un molde de silicona para madalenas muffins.

2. Lo he terminado de cubrir con el resto de yogur

3. He puesto los frutos secos encima y al congelador.

¡Tachán!

grozen snack

Un tentempié o postre que, personalmente ¡me encanta!

¿Que os ha parecido? ¿Sois también detractores del muesli? ¿Os animáis a hacerlo?

Fabricar tamborín para bebe

Mi bebé se aburre. Sí amigas. Es la triste realidad. Juega con un sonajero como si no hubiera un mañana y acto seguido lo suelta. Se gira, se pone de panza (su nueva afición preferida) pero al cabo de un rato se cansa. Le ofrezco un trapito (ahora se ve que se llaman muselinas) y juega como una loca… 5 minutos.

Así que me empecé a romper la cabeza buscando algo que le resultara divertido (aunque solo fueran 5 minutitos) para variar (aún más) su oferta actual de juguetes.

Y esto es lo que se me ocurrió hacer con 4 cosas que tenía por casa.

tamborin para bebe

Hecho con amor

Muy fácil de hacer. Solo necesité estos materiales:

materiales para tambor manualidadUna caja de quesitos
Washi tape
Botones o cuentas
Hilo
Un lápiz
Pintura y pincel

Fases para hacer el tamborín.

Primero pintamos la caja. Yo tenía esta pintura dorada por casa. ¿A que es un color bonito? Es muy brillante y eso a los bebés les encanta.
Después hacemos dos “manojos de hilos” Cada manojo irá a un lado del tamborín con sus respectivos botones. Yo hice dos (como los que veis en la foto 2) de 4 hilos cada uno. Después hacemos un nudo en cada grupo de hilos, para que no se esparzan.
A continuación haremos una pequeña incisión con unas tijeras en lo que será la base del tamborín e introducimos el lápiz.

fases construir tamborin
Lo más complicado viene a la hora de fijarlo por dentro para que no baile. Yo lo adherí al interior con más washi tape (vale para todo) y quedó más que bien.

¿Recordáis el manojo de hilos del punto 2? Pues ahora tenemos que introducir los botones por el extremo que queda libre. Yo tenía botones y cuentas. En cada manojo introduje 3 botones.
En mi caja de quesitos venían dos mini agujeros que me vinieron genial para introducir los hilos. Si no los tuviera, habría que hacerlos por ejemplo, con la punta de unas tijeras afiladas. Pasamos los hilos y hacemos un nudo en la parte que queda dentro de la caja, para que no salgan. Vigilad que os queden de la misma medida los dos lados.

tambor-para-bebe
A continuación selle ambas mitades de la caja con más washi (lo tengo más que amortizado a estas alturas ¿eh?)
Para que los hilos no queden aplastados hacemos una mini incisión en el washi, para que se puedan mover libremente y…
Al final me pareció muy soso todo dorado así que recorté un corazón de cartón de una caja de cereales y lo pinté

Y ¡tachán! éste es el resultado ¿Qué os parece? ¿Alguien se anima?

resultado tambor para bebes

Nura desde luego ha alucinado…
… ¡Durante 5 laaaargos minutos! Mañana se lo vuelvo a sacar 🙂

cosas que no debes decir a una mamá reciente

Desde que soy madre que vengo escuchando una serie de insensateces que suelen repetirse con bastante frecuencia. Muchas de ellas son frases que sobran; que la otra persona la suelta, se queda más ancha que larga y yo me quedo ahí, atónita, sin saber muy bien que responder. O respondiendo alguna bordería. O pensando una burrada de dimensiones bíblicas, que finalmente opto por no decir… todo ello según me pillen.

Así que me he dispuesto a recopilar toda esa sarta de sandeces con el firme propósito de hacer un bien a la humanidad y evitar en la medida de lo posible disgustos a futuras madres y también porque mientras lo escribía me he quedado más agusto que un arbusto (con mis respuestas, algunas ficticias, otras verídicas incluidas)

1. Deberías darle pecho; es más sano. Gracias, no lo sabía.

2. Hija, no te compliques, los míos se criaron con biberón y mira que hermosos están. Claro, hoy mandaré mis ideales al traste sólo porque tú decidiste dar leche de fórmula y no porque YO lo haya meditado profundamente.

3. ¿Es cierto que no le piensas bautizar? ¿Es usted capaz de entender que NO TODO EL MUNDO comparte sus creencias señora? Mi hija ya se inclinará por una religión u otra cuando tenga capacidad de decisión.

4. Como no lleva pendientes, parece un niño. Esta es una frase estrella que me repiten día sí y día también. A día de hoy no he visto ni un sólo niño varón con un vestido rosa y un lazo del tamaño de una ciruela en la cabeza. A esta también le sigue: No sabes cuan equivocada estás, después no le harás ningún favor y ahora no les duele. A ver, como en el punto 3; no voy a decidir que tipo de religión o agujeros ornamentales va a llevar mi hija, ya lo decidirá ella. Y discrepo en lo del dolor. Creo que doler, duele siempre, solo que de bebés no lo dicen.

5. Traes mala cara, ¿que AÚN no te duerme toda la noche del tirón? Si, si que duerme; como un bendito, pero yo me fui de rave.

6. ¿Cada cuando come? ¿ya le toca? ¿A qué hora le toca? Trae el biberón que yo se lo doy. Seguramente si le diera el pecho, esto último no me lo preguntarías. Y le toca cuando ella lo pida.

7. Yo a los X días de parir ya limpiaba la casa, fui todo el día de rebajas, me hice media maratón, escalé el Everest… Pues yo estoy en cama, en pijama y tan ricamente oiga.

8. Pues mi hijo a los X meses ya (dormía, gateaba, andaba, se independizó de casa…) vaya, es superdotado, no ha salido a la madre.

9. Este bebé es muy grande/pequeño… ¿se lo has comentado al médico? Mi bebé es perfecto. El pediatra lo corrobora en todas y cada una de las consultas. Fin de la discusión.

10. ¿Este bebé no es muy pequeño para salir a cenar por ahí aún? Evidentemente que si estoy aquí, YO he considerado que no.

11. Deberías salir CADA TARDE a pasear, le es muy beneficioso. Los días que caen chuzos también, así aprende natación sincronizada o se marca un singing in the rain.

12. Vengo a buscar al bebé para llevármelo de paseo. Tú descansa. No perdona, mi bebé de 20 días se queda a mi vera y YO decidiré cuándo salimos LOS DOS JUNTOS y si quiero que me acompañes

13. ¿Ya te has quitado todos los kilos extra del embarazo? Sí, pero adoro seguir llevando el pantalón-faja premamá. Así soy yo, reinventando la moda…

14. ¿Te quejas ahora? ¡pues… espera que crezca! Gracias por los ánimos, amiga, de verdad.

Y cómo olvidar mi preferida:
15. ¿Para cuándo el hermanito? Sí, justo lo que estaba pensando ahora mientras me tiraban los puntos mientras estaba orinando.

Madres del mundo, ¡Uníos! Gritemos a los cuatro vientos lo que estamos hartas de tener que escuchar. Estos (de momento) son mis greatest hits de preguntas toca c***** ¿Os sentís identificadas?¿Cuál añadiríais?

tablero sensorial para bebes

Buenos días brico cutre maniacos! Seguimos con nuestra entrega de: aprovecha lo que tengas en casa para mantener a tu bebé entretenido. En el capítulo de hoy, os muestro cómo hacer un tablero que mantenga la mar de entretenidos a vuestros retoños y hecho en su totalidad con material que tengáis por casa.

En mi caso, se me encendió la bombilla cuando, hace unos días estrenamos nevera y en el interior de la puerta venía una especie de cartón pluma plastificado. Y pensé ¡uy, pero si esto es a prueba de babas! Sí, tal como lo oís. Mi yo de hace unos meses lo hubiera desechado más rápido que corriendo en el contenedor correspondiente, pero mi yo actual… ah no, sólo pienso en babas y cacas de bebé. Cosas de la maternidad, supongo.

tablero sensorial para niños

Así que saqué mi arsenal de manualidades, que hasta poco antes de ser madre sólo utilizaba con fines de satisfacer a mis alumnos, y me dejé llevar por un horror vacui de de palos de polo, pompones, fieltro y limpiapipas. Todo ello bien pegadito con pistola de cola.

Este fue el resultado:

material sensorial bebe

La cara de emoción que puso cuando lo vio por primera vez, fue de lo mejor. Además, este juego es multimotricista (palabra que me acabo de inventar) porque, no sólo contribuye al desarrollo de la motricidad fina, como veis en las fotos de arriba, sino que también favorece a la gruesa. Ya que el tablero se va moviendo por el suelo y el bebé tiende a perseguirlo, viéndose obligado a desplazarse tras él. Si lo preferís, lo podéis ofrecer al bebé mientras esté en la trona. Ayer estábamos su padre y yo en la mesa del salón, tecleando en los portátiles y ella tecleando sobre su tablero, la mar de concentrada.

tablero sensorail manualidad

También sería ideal, para bebés que ya dominan el gateo, colgarlo de la pared para invitar a la bipedestación. Tal vez para entonces me curre otro un poco más resistente.

banana bites, receta para la familia

Receta paso a paso de los “banana bites”. Una sencilla y rica receta para hacer en casa con los más pequeños… Mira qué resultado!

banana bites para la familia

Este finde va a ser especialmente dulce para nuestra pequeña familia ya que… ¡nos vamos de mini vacaciones! Lo sé, lo sé… esta semana que todos volvéis vamos nosotros y nos largamos… Es lo que tiene vivir en zona turística, que en temporada alta, la mayoría nos tenemos que quedar. Y da gracias que este año nos podemos ir aún siendo verano y disfrutar del buen tiempo.

Receta de banana bites.

A pesar de todo no podía dejar de preparar algo rico para coger energía. Así que, después de mucho tiempo viéndolos rondar por la web, me animé con unos Banana bites o lo que vienen siendo unos bocaditos de plátano en la lengua de Cervantes.

En 5 minutitos de nada se preparan

Ya sabéis que no me gusta complicarme:Sólo necesitáis 3 ingredientes:Y en 3 sencillos pasos…

Cortar un plátano en rodajas

Unir dos mitades con dulce de leche a modo de pegamento

Cubrir con chocolate fundido y a la nevera…

Et voliá: Un tentempié que va a gustar a grandes y niños.

Por cierto, si queréis que os aguanten más tiempo y evitar que el interior se ponga negro, le podéis echar unas gotitas de limón al plátano antes de montar las dos mitades. En nuestro caso no fue necesario porque no duraron ni 2 horas en la nevera.¿Qué os ha parecido la receta fácil de esta semana? ¿Alguien se anima a hacerla? ¡Que paséis un feliz finde!