Un pequeño descanso

Como algunas me habéis preguntado por mi ausencia estas semanas, siento que debo una explicación para todas aquellas personas que han entrado estos días en el blog y se han encontrado con que había desaparecido sin dejar rastro. No es fácil explicarme en 140 caracteres, ni tampoco lo es hacerlo en un post entero, porque ahí van mis sentimientos, algunas heridas y mis quebraderos de cabeza, que no son la tónica del blog (ni quiero que lo sean) No os voy a engañar, llevo una semana con este post en marcha y no encontraba la manera de poner voz a la maraña de ideas que últimamente han nublado mi sesera. Así que iré soltándolo así como me va viniendo.

Haciendo camino

Hay veces que la vida nos lleva por caminos que no hubiésemos sospechado jamás. Cuando una empieza a tener edad para saber lo que quiere en la vida y el camino que quiere seguir, se forma una imagen mental de lo que espera vaya a ser su futuro. Yo me imaginaba trabajando en algo que me apasionara, recogiendo a mis hijos del cole, viniendo a comer a casa con mi pareja (nunca he pensado en “marido”, en el sentido burocrático de la palabra) quitando la mesa entre todos, ayudando a los peques con los deberes, como siempre hacia mi mamá conmigo y pasando la tarde, entre menesteres del día a día de una familia: alguna actividad extraescolar, un paseo hasta el parque, un café con mis amigas (a ser posible en mi fantasía; con sus hijos también), volver a casa para cenar, no sin antes haber bañado a los peques, con sus respectivas canciones de bañera, como siempre hacía mi mamá conmigo, compartir la cena, sin nada de tele, escuchando música, para entrenar el gusto musical y después acostar a mis retoños para relajarme junto a mi pareja, planear algún viaje en familia de cara a las próximas vacaciones y acostarme con esa sensación de estar haciéndolo bien con las personas a quien más quiero…

Tampoco pido tanto

Como podéis ver, no eran grandes aspiraciones. Tal vez un poco idealizado pensaréis. Está bien, hubiera podido pasar sin bañar a los niños alguna vez y cenar de pizza en el sofá viendo la tele. Pero en el fondo me propuse objetivos factibles, que sabía que estaban a mi alcance y me hacía feliz sólo el mero hecho de pensar que algún día conseguiría alcanzarlos. Eran mi gasolina para mis días de estudio, mis madrugones, mis trabajos basura poco remunerados…

Pues bien, hoy en día no he alcanzado prácticamente ninguna de esas metas que en su día me propuse. Actualmente no tengo trabajo, no puedo comer con mi pareja ni pasar con él la tarde, porque trabaja más horas que un reloj. Paso los días con nuestra pequeña, que es mi ojito derecho y me da muchísimas alegrías pero también con mi abuela de 86 años quien tiene Alzhéimer, ha pasado a adoptar el rol de hija mía y a quien en su día le prometí que no la llevaría a una residencia (les tiene pavor) y así me ando. No voy a entrar a detallar la árdua tarea que supone convivir con una persona con esta enfermedad degenerativa, pero os diré una cosa: no contribuye a alcanzar los sueños de nadie.

Soy consciente de la situación laboral del país, y he estado llevando a cabo iniciativas para crear mi propio empleo soñado, pero no hago más que encontrar obstáculos. Como añadido tengo: vivir en un pueblo con escasos medios; pocos servicios sociales para atender a la abuela, pocos recursos económicos para poner a alguien que la cuide, mudarme a la ciudad o bien apuntar a la pequeña a un centro infantil mientras yo gano tiempo para moverme por mis sueños. Además de pocos recursos familiares, puesto que en mi familia somos pocos y cada uno aguanta su vela. Así que actualmente me veo atada de pies y manos. Y admito que a veces cuesta mucho intentar mantenerme en mi línea de buen humor e ideas creativas dada mi falta de sueño y mi entrega absoluta hacia dos personas totalmente dependientes.

Los problemas crecen

En mis fantasías juveniles jamás me aventuré a pensar que llevar una casa conllevara tanto esfuerzo, que invertiría casi tantas horas en el ciclo sin fin de la limpieza del hogar (que no el del rey león) como en jugar con mi tesoro. Que andaría con la laca de uñas desconchada, las piernas sin depilar y la mayoría de los objetivos sin cumplir. Que acabaría agotada y con los sueños hechos pedacitos y vueltos a pegar con super glue una y otra vez. A pocos años de la treintena y aún dando tumbos.

caminantenohaycamino2Mi vida nunca ha sido un lecho de rosas, pero siempre he encontrado la manera de sobreponerme, de sacudirme el polvo y levantarme de nuevo. Y en estas me ando, en un proceso de transición, en la búsqueda de mis sueños y de mi realización profesional. Porque aunque me cueste años, aunque me sigan surgiendo escollos, lo voy a seguir intentando.

De momento sigo en la búsqueda. Y una cosa sí es cierta: cada noche me acuesto con la sensación de estar haciéndolo bien con las personas que más quiero… aunque para ello mi actividad en la blogosfera se vea pospuesta hasta momentos más fértiles (creativamente hablando). Porque sigo de camino, intentando alcanzar mi meta.

Qué me decís vosotras ¿Habéis logrado los objetivos personales y/o profesionales que os habíais marcado? ¿Seguís intentándolo o habéis cambiado a otros planes más factibles?

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